sábado, 27 de diciembre de 2014

Siempre nos quedará París.



Imagen tomada de la red.

Mi querido esposo se ha jubilado.

Se lo merece. 

Lleva demasiados años trabajando. 

Estoy contenta.

Y, para celebrarlo, nos vamos, mi hija y yo,

unos días a París. 

Ya os contaremos.

Imagen tomada de la red.

Cielos dormidos.



Poema de mi amigo, el poeta y actor Rafa Dedi, que nos acompañó en el recital contra la violencia de género en la casa cultural de Castilla- La Mancha, el pasado mes de Noviembre.
Nos regaló este poema y muchos más de su extensa obra.

"... por todas las mujeres que no sueñan ni en sueños..."

Seguimos contando contigo querido Rafael.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Puedo escribir lo que me de la gana.

Inventarme vivir,
desenredar nostalgias.
Hacer caligrafía,
corregirme las faltas,
escribir por ejemplo:
-mi mamá no me ama-,
y la M de mierda
y la P de putada.
            Puedo escribir lo que me de la gana.
Engañaros a todos
con un verso de nata.
Daros merengue, daros
pringosa esperanza.
            La vida es un burdel
donde todo se paga.
Una náusea de siglos
late en nuestra mirada.
Puedo escribir lo que me de la gana.
Desatar con un verso
un nudo en mi garganta.
Decir: -hoy estoy seria,
escéptica, colgada,
tirada en el arcén
de una historia inventada.
Puedo escribir: -te quiero-
y quedarme tan ancha.
Puedo escribir: -no importa,
me da igual que te vayas-.
Me da igual que el dolor,
que la muerte, las casas,
me da igual una rueda
frenando en una espalda.
Me da igual que los años...
que no me importe nada.
Porque puedo escribir
lo que me da la gana.

Belén Reyes.
Desnatada.

Libros que voy leyendo.



Lecturas de Diciembre.

Amigos.



Una decena de personas una tarde en un restaurante.
Comiendo y disfrutando. 
Charlando de todo y de nada.
Gozosos de ser.
Despidiendo, en esa ocasión, un final de curso.
Citándose para el verano.
Brindando por la suerte.
Obviando lo oscuro.
Una decena de amigos.
Una tarde.

(Cathy, Mari Mar, Pilar, Diego, Andrés G., Begoña, Juani, Montse, Andrés F. y Eloísa).

jueves, 25 de diciembre de 2014

El lubricán.

“Entra a hurtadillas y en silencio,
como lava derramándose,
abortando
el simulacro de la muerte
que procura la noche”.
                                                                                                                   

  

Tras las cortinas no se columbra aún
signos de vida,
no clarea,
la habitación anda ciega,
aguarda.
Escucho la oscuridad agazapada
en un rincón,
como un león a punto de saltar sobre su presa.
Alrededor de la cama
serpentean en procesión los soldados
del miedo,
con la pica empuñada,
dispuesta a ocupar el hueco,
el vacío.
Los ojos, escudados,
se abren de vez en cuando,
atisbando,
suplicantes.
No clarea.
La negritud persiste
socarrona, maligna,
los soldados se repliegan,
rompen filas,
se van dispersando.
Mis manos aflojan un poco
las sábanas torturadas,
mis piernas descansan
abatidas.
Parece que una estrella se diluye,
se percibe un aleteo de plumas,
un gallo inicia el ensayo,
el lejano traqueteo de las ruedas de un carro
invade mi garganta,
los soldados huyen en franca retirada.
El león ha desaparecido.

Abro los ojos.

Imagen tomada de la red.

sábado, 20 de diciembre de 2014

En el taller de Asiole.







"Cuando hablamos de escritura creativa, nos referimos a inventar, a perder el tiempo, a convertirnos en cazadoras de dinosaurios rosas, a dar forma a nuevos recuerdos que habíamos olvidado. A asesinar a nuestra sombra o cenar una noche en un ático en Tombuctú. Decir invento es abrirle las puertas a lo infinito, a todas las posibilidades, a mundos nuevos. Los límites surgen cuando queremos ponerle un “para qué”. Y la primera regla es que no las hay".
Nos acompañas en la aventura?

jueves, 18 de diciembre de 2014

Amor.



Imagen tomada de la red.


Se sintió observada desde la pantalla del televisor.
A ella, tan invisible y mediocre. 
La foto del violador de las dos mujeres desaparecidas antes del verano.
Joven, moreno y de ojos ansiosos y brillantes. De labios apretados. Fuerte.
En busca y captura, decían.
Las mujeres, violadas, asesinadas. En el pasaje de la avenida antigua. Oscuro y solitario.
Esos ojos. La miraban. A ella. Tembló.
Se ajustó las medias subiendo las manos despacio desde los tobillos hasta las ingles.
Rescató los tacones del altillo.
Unas gotas de perfume, en el hueco del antebrazo, entre los pechos.
No encontró luna en el cielo nocturno. Se adentró, palpitante, en el pasaje. Su primera cita.
La única.


martes, 16 de diciembre de 2014

Haro y yo.



    Pues nada, que, desde mi casa y en mi nombre y en el de mi familia, os deseo a todos unas felices fiestas y un año nuevo lleno de cositas positivas. Un cariñito  para todos los amigos y amigas de mi mamá.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Una mujer escribe este poema.




Imagen tomada de la red.




Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;

y casi sin por qué, casi por nada,

te toco con la punta de mi seno.



Te toco con la punta de mi seno

y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.



Carilda Oliver Labra

Una mujer escribe este poema.





Imagen tomada de la red.


Busco una enfermedad que no me acabe

sino el dolor constante de la vida:

algo para fingir que estoy dormida

detrás de este temblor de escarcha grave.

Busco un agua cósmica que lave
la lágrima terrible que me oxida;
busco el morir distinto, y voy herida
por la pena vulgar que nadie sabe.

Y así me marcho, sonriendo a todos,
luminosa de gracia y desventura,
con el secreto horror hasta los codos;

callándome en el verso y en la prosa,
para que escriban en mi tierra dura:
esta mujer ha muerto de dichosa.



Carilda Oliver Labra.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Una amiga me presenta.






El pasado 15 de Noviembre tuve la suerte de formar parte de la inauguración del Café Gadir, en Madrid. 
Johana, gerente del local, me había invitado para tal evento junto con unos artistas especiales y yo no me podía, ni me quería negar.
Llegué acompañada de mi marido y tres amigas, Mari Carmen, Virginia y Chus.
Con Chus se había puesto en contacto Johana, al ver una foto nuestra en facebook, para que me hiciera una pequeña etopeya antes de mi intervención poética.
Y Chus, aunque algo ajena a este mundo, lo hizo con tremendo cariño.
Esta mañana, he vuelto a ver la nota y me ha apetecido colocarla en este espacio para volver a alegrarme de contar con su amistad y agradecerle de nuevo sus cariñosas palabras.
Aquí os dejo su escrito:

"Buenas tardes a todos. Johana me ha pedido la difícil tarea de presentar a una gran amiga.
Al principio dudé, me asusté, incluso me negué,... ¿cómo explicar con palabras lo que para mí es Eloìsa?
Y luego pensé que los años me han enseñado que debemos mostrar nuestro cariño mientras nos sea posible y, bueno, espero que, con estas palabras, entendáis que Eloísa es justo lo que quiero tener cerca de mí siempre. Una gran mujer, una inmejorable persona, única como amiga y confidente.
Como escritora he de decir que tanto he alabado como criticado su obra, que ella expresa lo que siente en todo momento y eso la caracteriza como es, disfrutando de su trabajo, reflejando siempre sus alegrías, sus penas, sus vivencias, sus recuerdos...
Ganadora de innumerables premios, va escalando pasito a pasito este difícil mundo, haciendo lo que precisamente le gusta, escribir e impartir clases de forma altruista a personas mayores que necesitan aprender lo que la vida no les dejó.
Sólo puedo deciros que espero disfrutéis con ella y sus poemas tanto como lo hago yo.
Te quiero Elo.
Chus".

Yo también Chus.
Gracias.

En esta casa se hace lo que quiere el perro.

       



       Paseo bajo la lluvia. Mi perro luce, de estreno, un chubasquerito verde. Tomo un café en el bar amigo de la esquina. 
     Ahora en casa escucho música con nombre de mujer que he comprado junto al diario y repito con un capuchino. Me zambullo en la lectura y la música. 
       Azotando suavemente la cristalera del estudio sigue pertinaz la lluvia. 
         Mi perro se impacienta, llora un poco, se ovilla entre mis piernas, me trae un juguete... y, viendo que no reacciono, me acerca, soberbio y autoritario, la foto que preside la entrada de la casa.
          Y no me puedo negar a sus exigencias. 
          Escrito está.
        Le acaricio el cuello algodonoso y amado, dejo las noticias para más tarde y me dedico a él.
       La última canción concluye y tras los vidrios llorosos avanza lenta la mañana.


sábado, 13 de diciembre de 2014

Galeria de trampantojos.





     Tengo facilidad para evocar olores, y cuando quiero, y sin el menor esfuerzo, puedo aspirar el aroma negro y romboide de aquellas pastillitas para la tos que mi abuelo me daba en cuanto asomaba por las puertas dobles de la biblioteca, mundo maravilloso que se me anunciaba incluso antes de abrir las enormes cristaleras policromadas, con aquellas aves desplegadoras de todos los colores del arco iris: —Abuelo, ¿cómo se llaman esos pájaros?
—Guacamayos,— me decía unas veces,— Aves del Paraíso—, otras.
Y luego, yo esperaba que sacara del bolsillo la diminuta y redonda caja: —¿quieres una juanola?, me ofrecía, mientras recorría con la vista los anaqueles repletos de libros, hasta encontrar alguno para darme.
Aquella tarde, me alargó, solemne, un tomo no muy grande y con las tapas un poco deslucidas. Leí “Corazón” y el autor, Edmundo D´Amicis, —te va a gustar— anticipó. 
Recuerdo que, afuera, alguien regaba la calle y, a través de la ventana abierta al verano, el olor a tierra mojada acompañó, para siempre, las aventuras de Garofi, Coreta, Enrique o el cuento del pequeño escribiente florentino.
El conde de Montecristo, los tres Mosqueteros y varios libros de viajes esperaban, pacientes, próximos veranos, futuras tardes mágicas.




VI.
( 28 de Septiembre, medianoche)

Hace rato que se han ido los últimos invitados. Ha sido una bonita fiesta. Mi marido me ayuda a colocar, en un rincón del salón, los regalos. Falta el camisón amarillo del escaparate. Mi madre me ha traído algo mejor. Cuando he abierto la caja alargada y de cantos un poco chafados que me tendía sonriendo, otra ráfaga de recuerdos ha salido de su interior.
Semienvuelta en un vaporoso papel etéreo, descansaba una gruesa trenza de pelo oscuro y prietas contorsiones, soberbia e indiferente en su inutilidad, casi desafiante y, sin embargo, con un deje inocente y pueril como el que me llevó, aquella noche lluviosa, a cercenarla de un tajo para que mi abuela pudiera lucir un moño en la boda de su hijo, mi tío Sebastián. Iba a ser la madrina y yo había escuchado a mi madre y a mis tías decir que no iba a tener suficiente pelo donde enganchar la peineta.
Mi madre fue a la boda con los ojos rojos del disgusto, yo con un sombrero, comprado a última hora, para disimular el destrozo, pero mi abuela lució un fastuoso moño que aguantó perfectamente la peineta y una mantilla de blonda que le había traído el novio, mi tío Sebastián de Venezuela, a donde se había ido cinco años atrás y de donde  volvió rico y con una novia gorda y dulce como un melocotón. Se llamaba Ana Luisa y en dos partos le dio a mi tío seis hijos.
Murió muchos años después, cuando su cuerpo casi iba a estallar de felicidad, amor y carnes sonrosadas y bamboleantes, como un flan gigante y goloso.



Ella fue la que iluminó mi infancia con montañas de cuentos troquelados, sin esperar a cumpleaños o Reyes: -Mira en el armario- me decía, y yo abría las puertas de aquel armario oscuro y mastodóntico de madera de nogal, traído de Caracas como regalo de boda, y encontraba dos o tres paquetes de cuentos envueltos en papeles de colores intensos y brillantes, como mi alegría.
Mi marido coge la caja de mis manos y la deposita con cuidado sobre la mesa, sabe que ha sido el mejor regalo. Mi madre la había guardado desde  entonces y cuando, agradecida, le he dado un beso, me ha susurrado al oído que siempre estuvo orgullosa de aquella infantil y radical decisión.


Un trocito del relato Galeria de trampantojos


jueves, 11 de diciembre de 2014

Escuela de escritura.






Imagen tomada de la red.


Si te gusta escribir, escucha: Nos vamos a reunir un par de horas a la semana para jugar con las palabras, para darles la vuelta y perderles el miedo. Para agregar un cuarto a la casa de nuestra vida y engañar a la muerte. Para compartir experiencias y explorar en nuestros recuerdos, sacarlos a flote y volver a vivir.
“El escritor escribe con su vida, con su mirada, con sus días de otoño y sus cicatrices”.
Vamos a crear un espacio fértil donde llevar a cabo la experiencia. En grupo, jugando, aprendiendo y enseñando. Compartiendo sueños y descubriendo todo nuestro potencial.
A escribir se aprende escribiendo. Y eso es lo que vamos a conseguir en nuestra escuela de escritura. Romperemos reglas y haremos terapia. Con un bolígrafo, un cuaderno, emociones y palabras.
Descúbrete. Date placer. Abre las compuertas para que salga tu voz interior. Escribe. Libérate.
Comenzamos el próximo mes de Enero. La inscripción en el Centro cívico Santiago Amón en la plaza de Pablo Casals, primera planta.
Grupos de mañana y tarde.
Aún quedan plazas. No te demores.
Tfnos.: 91 2 48 95 56 ó 609 97 89 26

lunes, 8 de diciembre de 2014

Mis poceros favoritos.

http://www.desatrancosdnp.com/. Visite con nosotros una de las galerías que componen la gran red de Alcantarillado de Madrid.

Desatrancos DNP, empresa profesional especializada en los trabajos de desatascos en Madrid, desatrancos en Madrid.



viernes, 5 de diciembre de 2014

Sus manos en mi cintura.




Imagen tomada de la red.


       No había vuelto a acordarme de él, o quizás no le haya olvidado un solo minuto, pero esta mañana, sin saber porqué, al levantarme, el olor de su piel se me introdujo ladinamente en las fosas nasales y un escalofrío, como los de entonces, me recorrió la espalda.
     Y deseé tenerle cerca, con un ansia y una precipitación tal, que tuve que moverme deprisa por toda la casa  para no ahogarme.
     Busqué en la cómoda, dentro de una cajita llena de cachivaches, su foto.
     La dejé allí para olvidarla y también para buscarla el día en que recordar las facciones de su cara me hiciera tanta falta como respirar.
        Le hice la foto un mes antes de que se fuera.
    
Me aparté bastante, para que saliera entero, todo, para poder recordar un día como hoy, con total nitidez, el color albo de su pelo, sus ojos, que veían todo de mí cuando miraban, esa boca que me susurró tantos placeres y sus manos, que tanto amé, y que, ahora me he dado cuenta, no han dejado nunca de rodearme la cintura.




jueves, 27 de noviembre de 2014

No os digo la verdad.





Imagen tomada de la red.


Llueve.
Me gusta.
Debido a los constantes compromisos de los últimos días, semanas, al vértigo del carrusel, necesito parar un instante.
Respirar. Pensar.
Hacer un alto en el camino.
Me he duchado. Me he untado toda, enterita, de una buena crema y me he envuelto en un albornoz grande y gozoso. 
Con un café y un fondo de música suavita, miro por la ventana. Me demoro en las lágrimas que resbalan por los cristales, en el  diluvio del parque.
Me voy a conceder una hora. Una hora para mí.
También me acompaña, temblona, una vela olorosa y panzuda. 
Mi perro dormita en el sofá. Y sonríe.
La vida me trata bien. Pienso.
Pero hace mucho que no me da un revolcón de gozo, de risa loca, de éxtasis.
Hace mucho tiempo y yo dispongo de poco.
Tan poco que cada vez oigo más nítidos y retumbantes los cascos de la vida que se alejan. El galope del final. La vuelta de la esquina.
Y yo, que soy de tejido práctico, realismo puro, de no esperar ascensores, escucho gritos detrás de la oreja pidiendo nubes, globos de colores, piñatas reventonas, luces deslumbrantes.

La música ha terminado.
La lluvia continúa. Se ha adueñado de la mañana. Mi hora se acaba.
Debo comenzar.  
"No os digo la verdad", os decía en un poema antiguo... 
Os saludo con una sonrisa
todos los días
y los domingos os cuento una historia
con final feliz.
Me visto de colores estridentes
para ocultar el neopreno de tristeza
que me oprime la cintura.
Si me veis,
seguidme la corriente.
Pero ya lo sabéis:
A veces miento".

La vida me trata bien.
Pero hace mucho que no me da un revolcón de gozo, de risa loca, de éxtasis.
Ha dejado de llover.

domingo, 23 de noviembre de 2014

No te mueras todavía.


"No te mueras todavía.
Tu tristeza a mí me salva
lo mismo que tu alegría"...

Ayer quedamos un grupo de amigos en ir hoy, domingo, a visitar Toledo, comer allí y adentrarnos en las tripas de la ciudad imperial.
Si no llueve, dijimos, ante la predicción de los entendidos del tiempo.
Y amaneció el domingo lluvioso, lloroso, prohibitivo.
Nos llamamos para posponer la excursión. Toledo merecía una dedicación completa, sin la marquesina de los paraguas. 
Desayuné con más demora, ya no había prisa, el día se volvía reposado, lento, con legañas de domingo, con sabor de infancia y de limbo.

"Echa tus tonos al día
como a una hoguera y confía,
que lo que arde no se pierde"...

Avancé una docena de páginas a la novela que estaba leyendo, preparé las clases de escritura, seleccioné los poemas que leeremos el martes, 25 de Noviembre, para abofetear con versos la violencia, coloqué un poco el desorden precioso de mi estudio y escribí, escribí, escribí. Y, no sé porqué, mientras el humo de un puro inspirador danzaba ante mis ojos, se descolgaban de las cortinas azules las palabras del poema de Carmen Martín Gaite:

"Ni te quedes condenado
sólo al blanco o al morado,
ni te vuelvas transparente..."

Me preparé un segundo café, mi perro dormía suave a mi lado, llovía aún, o no... "Tú engrosa el caldo del día..."

Delante de mi mesa, colgada, la Felicidad Clandestina de la Lispector; la foto de Miguel Hernández, a mi derecha; a mi espalda, los hermanos Machado posan serios sobre una columna de libros pendientes y Jim Morrison canta, susurrante The Severed Garden.
Sigue lloviendo el domingo.

"Y en tiempo de incertidumbre
arde también en su lumbre,,,"

Arde.

"A pie quieto en el terror,
a solas en la agonía
y aun cuando nada te alumbre,
no te mueras todavía".

Ha dejado de llover.
Felicidad clandestina.
Tengo.

domingo, 16 de noviembre de 2014

En el Café Gadir.






Johana, gerente del recién inaugurado Café Gadir, me invitó tiempo atrás a formar parte  de su primer día.
Y llegué el sábado y pronto.
Me acompañaban mi marido y tres amigas.
El local se veía, todavía, vacío, estaban ultimando los pequeños detalles, dándoles ese toque personal y cariñoso para que la tarde resultara.
Nos prepararon unos tés, nos regalaron el paladar con unas magdalenas exóticas, nos ofrecían, de vez en cuando, sus sonrisas... y esperamos.
Poco a poco se fue llenando de calor el local, las esculturas de Alejandro Alarcó se exhibían en las estanterías y en vitrinas.  "Seres" originales y vivos.
Y ya con las mesas llenas y cuando, afuera en la noche, el viento se arremolinaba en las esquinas, comenzó la inauguración. 

Habló Johana, habló Salvador el hermano de Alejandro, recité algunos poemas ante un público respetuoso y atento y los juegos de manos del mago invitado remataron el comienzo. 
Un comienzo.
Con un futuro asegurado y fértil, porque la magia, el arte y la poesía se quedaron allí.

Por siempre.



Johana pasándome mi tiempo.




A corazón abierto. Confidenciando.





Mis tres amigas Mari Carmen, Virginia y Chus.
Siempre ahí, mire donde mire.

Y gracias Johana, Juanma, por incluirnos en vuestro sueño.

martes, 11 de noviembre de 2014

Mi primera historia y mi abuelo sabio.


Imagen tomada de la red.


Fue un parto laborioso el de mi madre.
La comadrona me dejó a un lado de la cama,
—no respira—sentenció
y se ocupó de la mujer exhausta.
Yo callaba porque, desde pequeña,
me creí poco.

Entró mi abuelo a la alcoba,
(cosa poco usual en aquellos tiempos)
alarmado por mi tardanza,
por mi falta de protagonismo.

Me rozó con los dedos, largos y calientes,
de su mano derecha,
en la izquierda llevaba un libro abierto.

—Ha sido un milagro—, se disculpó la vieja matrona.

Mi abuelo sabía que fue el olor de las letras
lo que me volvió a la vida.
Eso y el susurro de su voz
cuando, mientras me besaba,
me proponía escuchar el final de la historia.



Del poemario La rosa de los vientos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Cuando empecé a escribirte ya no eras.




Imagen tomada de la red.


Si no puedo dormir
en medio de esas noches perezosas,
lentas, interminables,
si no consigo dormir,
ahogada en las aguas muertas
de los recuerdos,
escribo.
Te escribo.
Cuando el lubricán
me alerta de mi locura, dejo la pluma
y tiro las hojas,
te asesino, te estrujo con fuerza
con las dos manos y lanzo
la bola de papel
impregnada de rabia y de vergüenza.
Hoy por ejemplo, recordaba
tu boca,
tu lengua,
de cómo me abría a ellas,
y he escrito
del rugido salvaje que salía de mis pechos,
de la vehemencia de la embestida,
evocaba la fragancia de tus axilas
en las que me hundía sin decoro,
del lenguaje obsceno,
de las acrobacias, de los jugos,
recordaba tus manos
ay, tus manos,
tú las extendías sabedor
de mi veneración,
de mi idolatría.
Yo decía- que se pare el mundo,
que se pare-,
y reía, y deseaba un cataclismo,
y anhelaba morir,
yo moría.
¡Que se pare el mundo!
Y rugía. Tú desplegabas de nuevo tus manos,
yo lamía tus axilas,
tu sexo, tu pecho, tus ingles…

Si no puedo dormir  porque no puedo olvidar,
te escribo.

Del poemario Los pecios del naufragio.





jueves, 6 de noviembre de 2014

"A veces, escribir mariposa, es abrir un candado"




Imagen tomada de la red.



Ayer llegaron los chicos con regalos.
Libros, una pipa, corbatas
y una colección de música
que insinuó un día.
Yo, ocupada en la intendencia,
les dejé  hacer.

De noche ya,
prestos a acostarnos,
le quise demorar con unas copas
y la música que le habían
regalado.
—Mañana no hay que madrugar—
le ofrecía,
desplegando los brazos
para atajar la dicha.

Y él me llevó a galopar
por donde quise,
ajenos al rumor
de los escombros.

Creo que anoche
comenzó la primavera.

Del poemario Pronto será oro el membrillero.