viernes, 2 de noviembre de 2018

Un poema, cualquier tarde.





Estaba sola. 
Leía en la sala,
en el rincón oculto
al bullicio,
con la mantita de cuadros
bien acoplada
y mis zapatillas
de felpa azul.
Leía sin demasiada atención.
Fuera, en la calle,
el viento.
Casi noche.
Y pensaba en ti.
No sé por qué
pero me dirigí al espejo
grande de mi alcoba.
Me desnudé.
Me contemplé entera.
En el espejo.
Largo tiempo.
Recorriendo mi cuerpo con las manos,
lentamente,
adecuándolas a la tripa,
a los pechos, a los hombros,
al misterio del cuello.
Internando los dedos
en los rizos tibios y urgentes
del pubis.
Silueteando la cintura
y los muslos tímidos.
La llaman la petite mort.
Me dirigí de nuevo
a la sala.
Me envolví en la manta de cuadros
y comenzó el llanto.
Fuera,
en la calle,
el viento.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Encuentro en bibliotecas.

   



   Mi libro de relatos Galería de trampantojos y un grupo de mujeres reunidas en el vientre de la Biblioteca Municipal "Francisco de Quevedo" de Torre de Juan Abad, fueron los protagonistas de una tarde que pretendía celebrar el día de las bibliotecas.




   Fui a la cita sin un guión, sin papeles, tuve unos días complicados y me acerqué al encuentro con lo puesto.
    Pero, nada más llegar, me di cuenta que las luces eran favorecedoras y que el ratico que iba a pasar me sabría a poco.
    Y así fue, una excelente presentación de Lourdes, la directora de la biblioteca, un grupo de mujeres especiales, un interés elegante, unas miradas cómplices y un café calentito y dulce, como la tarde.



  
 Y hablamos de Matilde y su secreto, de Yamal y su sonrisa pecadora, del oficio de vivir, de maridos, de locuras, de libertades, de asesinatos y de mujeres guapas. Que son todas.


Y me fui, regalada y contenta. 
Allí saben recibir. 
Quien lo probó lo sabe.
Gracias a todas.
Y a mi amigo, José Maria Lozano, por todo lo que le debo.

VI Ruta de los Patios de Villanueva de los Infantes



   Un encuentro con la poesía, el teatro, la música; los patios abiertos a todo aquel que quiera sumergirse en tiempos nostálgicos y ricos en ingenio. Unas jornadas dignas de vivirse. Un pueblo volcado en el arte. Mi suerte de formar parte de ese elenco.
 Mi patio, entre tantos, al servicio de la palabra. Buen ambiente. Villanueva de los Infantes, mi Villa Favorita.




   VI Ruta de patios de Villanueva de los Infantes. 
  Nos acompañó el buen tiempo, el resto lo puso el pueblo, los visitantes, los organizadores, los poetas, actores, músicos, restauradores y gente guapa que hicieron del puente de octubre una ruta gozosa e inolvidable.
















jueves, 27 de septiembre de 2018

Galería de trampantojos.


... Estuvo un rato reacio porque dice que lo de estudiar nunca ha ido con él, pero yo le hice ver, con grandes dosis de paciencia y diplomacia, que no podíamos seguir sin turismo. Tendremos mucha libertad de movimientos y podremos ir a ver a tu madre más a menudo, le engañé, y rematé mis argumentos con una palmada en la mesa, al tiempo que le decía- y andando que es gerundio-, esta frase, no se por qué, pero siempre me ha dado muy buen resultado.
Yo, por mi parte, ya le he echado el ojo a un coche, lo llevo viendo creo que desde siempre, aparcado delante del portal: es un Ford Fiesta rojo y es de  Marcelo, el frutero; dice que se va a comprar un Mercedes y tiene el Ford en venta. El viernes pasado fui a comprar unas acelgas para la cena y le pillé con la lengüecilla fuera y un rotulador en ristre haciendo el cartel de venta.        Deja el rotulador Marcelo y,  si llegamos a un acuerdo, me quedo yo con el coche, le dije.
Me empezó a decir que estaba impecable, que nunca había tenido un golpe serio y que siempre había dormido (el coche) en garaje. Yo le contesté que desde que abrió la frutería, un par de años después de estar yo viviendo en dicha finca, o sea unos trece,  llevaba viendo el coche aparcado delante del portal y es más, continué impertérrita, llevo años intentando ver la tapicería de cuero de la que tanto hablas y todavía no he podido, y no es porque los cristales de las ventanas sean tintados (a buen entendedor), pero, como no me fío de su capacidad de entendederas, le advertí: quiero el coche limpio antes de hacer la transferencia.
Cuando se lo conté al Nicolás me dijo que fue mi carácter fuerte lo que le enamoró hace años. (Esto se lo restregué por el morro meses después, cuando me enteré de lo que me enteré).

Pero eso, y mucho más, lo dejaré para la segunda parte de éstas mis memorias.

De Historia de mi existencia, del libro de relatos Galería de trampantojos, a la venta en Leganés, en las librerías Punto y Coma y La Libre de Barrio.






miércoles, 26 de septiembre de 2018

Galería de trampantojos.


Pasaron los años y mi cuerpo no engendraba el esperado heredero, mi Nicolás veía que su apellido acababa con él y se le iba poniendo el humor cada vez más agrio y desagradable, como desagradable fue cuando le comuniqué un buen día que no me había bajado la regla y él, ni corto ni perezoso, le comentó mi embarazo hasta al alcalde de Parla, para que luego el médico nos dijera, eso sí, con muy buenas palabras y mucho tacto, que lo que pasaba era que me había venido la menopausia.
Fue tal su rebote que estuvo a punto de romper el vínculo matrimonial, me quería repudiar y todo, como hizo el sha de Persia con la Soraya, hasta que se le ocurrió la idea de adoptar un niño, me dijo que ésa sería la solución para salvar nuestra unión y a mí me pareció bien, hasta que me aclaró que además le gustaría que fuera saharaui, para hacer el acto más exótico y dejar boquiabiertos a sus compañeros del curro.
A la que dejó boquiabierta fue a mí, que nunca me llamaron la atención las extravagancias.
Las vicisitudes que se produjeron con su obsesión de adoptar el bebé saharaui y el descubrimiento fatídico y letal por mi parte de una relación extramarital y tumultuosa del Nicolás, las dejaré para más adelante, porque son casi las diez, está a punto de llegar y las sardinas me están esperando para que les meta mano.
Mañana será otro día.


5

Ya he referido que vivo en la ciudad de Parla, en la calle Sal nº 13; es un inmueble de tres plantas, sin contar los bajos que lo ocupan una frutería y un laboratorio fotográfico.
Mi Nicolás y yo ocupamos el 2º B,  y la Maribel y su hija Lupe, la universitaria, viven en el 3º A. Ya os iré presentando a los demás inquilinos de la finca, os adelanto previamente  que no presentan un gran interés para vuestra posible curiosidad y morbo.
No tenemos coche. Por unas cosas y otras, Nicolás no se ha sacado nunca el carnet de conducir y me he dado cuenta que es inconcebible que no dispongamos de vehículo, es humillante que todas nuestras amistades lo tengan, con lo muertos de hambre que están algunos, que lo sé de buena tinta.
Así que, el otro día, me pasé por la auto-escuela que abrieron hace poco en la calle del mercado y le hice la matricula. La auto-escuela se llama EL FITIPALDI y, la carpeta de plástico blanco y azul que me dieron con la copia de la matricula y los libros de la teoría, se la planté al Nicolás en la mesa, al lado del plato de sopa.
(Continuará)




Perteneciente a Historia de mi existencia, del libro de relatos Galería de trampantojos.
A la venta en Leganés, en las librerías Punto y Coma y La Libre de Barrio.

Galería de trampantojos.


Nuestro noviazgo duró quince días, porque, aunque me gusta hacer las cosas despacio, no estaba dispuesta a que llegase alguna lagartona y me levantara al Nicolás, que teníais que haber visto cómo le devoraban con los ojos las chicas de la droguería de la acera de enfrente, cuando me esperaba a que yo saliera de mi trabajo, tan guapo, con su americana príncipe de gales y con las mangas un poco arremangadas, para que se le viesen con más desahogo los gemelos del Atlético de Madrid.

   Nos casamos un cinco de Agosto, bajo un sol de injusticia: cuarenta grados dentro de la iglesia, fuera, ni os cuento. El cura, con los ojos desencajados, deshidratado el pobre y dándose aire con un abanico de lunares negros, a juego con la sotana, aguantó hasta el final, aunque con las ansias de la muerte se le olvidó pedirle al padrino los anillos y nos los pusimos luego en el banquete que sucedió a la ceremonia, en una espléndida terraza de la Casa de Campo, a lo fresquito.

   Mi Nicolás iba espectacular, tuvimos la suerte de que unos días antes le habían dado un uniforme nuevo de pocero, ¿os había referido anteriormente que ése era el oficio de mi novio?, y se lo puso, porque los dos somos de la opinión de que es una sinrazón comprarse un frac o similar sólo para ese día, eso sí, las botas de caña alta no se las puso, iba con unos náuticos azules preciosos que compramos en Los Guerrilleros.

   Yo iba con un traje de novia que alquilé por la misma razón que he expuesto más arriba y con un casquete de raso con flores silvestres. Estaba muy nerviosa y deshidratada, como el cura, y le preguntaba constantemente a Nicolás si se me había torcido el casquete florido, y él me decía bajito y al oído: el casquete, el casquete es el que te voy a echar yo...
 (continuará).




   De Historia de mi existencia, perteneciente al libro de relatos Galería de trampantojos.
   A la venta en las librerías de Leganés, Punto y Coma y La Libre de Barrio.

martes, 11 de septiembre de 2018

A mi madre. De nuevo. Siempre.





El ruido del silencio de mi madre,
me despierta por las mañanas,

escucho el rebullir de las sábanas revueltas,
el murmullo del sudor entre sus pechos desahuciados,
la caricia que dedica a la almohada húmeda,
el susurro de mi nombre que no invoca.
Me levanto despacio pero con el impulso loco de la duda
y me acerco con sigilo a la habitación que ocupaba,
miro la cama impoluta, la colcha de flores diminutas, 
el cojín con su letra bordada.
Miro las cortinas silenciosas y la penumbra cómplice.
No hay rastro de que estuvo.
Ya se fue su olor por las ventanas abiertas al verano.
El sempiterno vaso de agua ha desaparecido de la mesilla.
Sus zapatillas, en alguna bolsa olvidada.

El dolor que emana de mi camisón heredado
impregna enseguida los rincones de sus últimos días,
su voz tenue y esperanzada aún resuena en mis oídos 
y en mis dedos baldíos.
La llamo bajito, deseando que abra los ojos y me mire.
Le imploro que me ayude a olvidar aquellas horas,
que no recuerde que se fue sin ver lo que tanto anhelaba,
que me enseñe a soportar el orden gélido de mis rutinas.
que me bese en la próxima noche y se lleve mi llanto.
Que me borre del alma tanto dolor compartido.
Que me perdone.