sábado, 19 de mayo de 2018

Presentaciones en sociedad.




  Te lo digo con tiempo. Sí, a ti. Que me haces falta. Que te espero en esos encuentros entrañables con los libros, con las historias, con las firmas, con el disfrute de charlar sobre todo. Que te necesito.

   Si quieres conocer el secreto de Matilde, cómo conocí a Yamal, el oficio de vivir, la locura de la belleza, el último viaje de mi amiga, la sospecha de Ramón o las ínfulas de Pilila, te invito a las presentaciones que haré en los próximos días de mi Galería de trampantojos.


   Y si aún no tienes mi membrillero o los besos de nitroglicerina en el corazón al alcance de la mano, también hablaremos de ellos. Ya sabes que la poesía todo lo cura. Todo.



    Te lo digo con tiempo. Para que eches tus cuentas.
   Nos vemos el próximo viernes 25, a las 19,30 h., en mi casa cultural de Castilla-La Mancha, en el parque de la Chopera,  de Leganés y dando comienzo a nuestra Semana Cultural. Entrada libre.
   El domingo 27 a partir de las 18,30 h.  en la XXXIII Feria del Libro de Fuenlabrada. Parque de la Fuente.  Caseta 33
   Y el jueves 14 de junio en la Libre de Barrio, calle Villaverde, 4 en el centro de Leganés. Entrada libre.

   Estaremos tan agustito y ahora sí, de verdad, si vais, me quitaré el sombrero.

Un abrazo amigos. Ahí seguimos.

domingo, 13 de mayo de 2018

De cuando era amor.




Hay muchos álamos en la avenida.
Puedo escribir los versos más tristes.

Apenas amaneció salí a pasear con mi perro.
Me oprimían en el pecho
las ansias del recuerdo.
Me asfixia la noche.
Me ahogaba la ausencia de tus manos,
de tu aliento en mi nuca ofrecida,
la falta de tu mirada lasciva.
¿Has oído alguna vez lo que cuentan los álamos?
¿Su conversación susurrante y antigua?
¿El lamento de sus hojas? 
¿El balanceo insinuante de sus ramas?
Hay muchos álamos en la avenida.
Y chopos y castaños y algún olivo menudo.
Al fondo, un ciprés.
Como acompañándome en el duelo.
Mi perro se detiene ante una flor amarilla,
señera y valiente.
Mi perro me señala el milagro. 
Yo sigo mirando el ciprés altivo. 
Su acusación.
Los álamos me hablan. 
Mi perro se ovilla entre mis piernas
con una flor en la boca.
El viento se vuelve poderoso. 
Aúlla un sollozo.
Una pérdida.
Tus manos.
Ay, tus manos.





*Cuadro de Vincent van Gogh
Camino con ciprés bajo cielo estrellado.

lunes, 7 de mayo de 2018

De ansias y sosiegos.




El 6 de diciembre murió mi madre. Al día siguiente, después del entierro, en la puerta del cementerio, mi nuera tuvo dolores de parto.
   El día 8 nació mi primer nieto, Eneko.
   El 27 del mismo mes, vino al mundo mi nieta, Martina.
   Al cabo de pocos días, mi tío Sebastián, revolviendo en un viejo baúl del desván de su casa, descubrió unos diarios. Tres cuadernos de tapas verdosas llenos de una letra picuda y apretada. Con la firma de mi bisabuela Eloísa.
   Todos creíamos que era analfabeta.
   Después de leerlos ha creído que debía tenerlos yo.
   Hoy, ya febrero, ha venido a traerlos. Me ha recomendado, con un cariñoso abrazo, que los lea con calma. Regresa a Caracas en unos días.
   Tengo delante una taza de café demasiado caliente. A mi lado, Chewie, mi pomerania, duerme apoyado en mi pierna. Estoy leyendo los diarios de mi bisabuela.
  Descubriendo.

  El café ha dejado de humear, mi perro hace rato que se ha ido a deambular por los pasillos. 
  Y yo ando perdida por unos senderos que desconocía que hubieran existido.

   Este es el comienzo de la nueva novela que Asiole va a escribir.
   Andaba últimamente algo perdida, han sido muchas emociones en poco tiempo y, aunque ella tiene su vida llenita de contratiempos y épocas oscuras, o sea que está curtida a base de bien,  no entiende la extrema sensibilidad que la envuelve ahora.
  Tiene 63 años, tres hijos, un marido, un perro, tiempo para hacer lo que siempre ha querido y buena salud. Es alegre y lleva sombrero.

   Asiole tiene publicados dos poemarios y un libro de relatos que están gustando mucho, está relativamente satisfecha, ha sido abuela, tal y como cuenta un poco más arriba y vive en una ciudad verde y soleada, que la conoce y quiere.
    Está rodeada de amigos sinceros y gente guapa.
   Dirige unos talleres de escritura creativa, clases de alfabetización a mayores y lee todo lo que pilla. A todas horas.
    Camina a diario con sus zapatillas de huir y abraza todos los árboles que se lo piden.
    Asiole duerme mal.
   En las largas noches de insomnio pergeña poemas, escucha la radio, dibuja, pasea por el salón como alma en pena, toma un culito de whisky y le cuenta a su perro el comienzo de la novela y versos largos.
   Podríamos decir que Asiole es feliz.
   Pero nuestra amiga ha contraído hace ya casi un año una doble enfermedad: el miedo y la tristeza.
   Vamos a ver tontorrona, se dice nuestra escritora, mirándose al espejo del cuarto de baño, ¿pero, qué te pasa, a estas alturas de la película?
   Y le pasa, lo sé, porque la conozco bien, que tiene miedo al paso del tiempo, que cree que se le ha quedado algo, mucho, en el camino; que no le va a dar la vida que le queda para todo lo que desea; que teme que la novela no avance, que le faltan muchos vinos por probar, libros que leer, países que recorrer y miradas con las que cruzarse.
   Le pasa que ahora, con la madre muerta, es ella la que ha dado un paso al frente y la que tiene en sus manos el timón del futuro y de su gente, que ya no le queda nadie detrás para apoyarse. Que les quedaron a las dos conversaciones pendientes.
   Y Asiole, escribe. Escribe esa novela de la que conocemos el comienzo y que espera acabar antes de cumplir los 64.
   Además escribe historias en las que conversa con su madre, en las que su marido es diplomático y viajan constantemente, de un paisaje a otro; que se baña en varias aguas, siempre diferentes, tal y como vaticinó Heráclito; que su marido la hace reír; que le sobreviene una aventura; que contempla, desde algún porche de alguna cabaña, de algún bosque, la otra cara de la luna, escribe…
   Mira a su marido dormir plácidamente, todos los días, en el sillón amarillo de la sala, le contempla dormir despreocupado por las noches durante ocho interminables horas, le ve dormitar antes de la comida y después del café, a media mañana.
   Ella no puede.

   Un día, cuando despertó Julio de una de esas duermevelas, entre cabezada y cabezada, nuestra amiga Asiole le miro y le dijo muy lentamente: Cuando uno de los dos muera, yo me voy a ir a Italia.
   Esta reflexión le vino de recordar un cuento breve de la Mastretta y le salió de corrido.

   Y fue entonces cuando Asiole se recostó en el sillón de flores diminutas, se acomodó en la espalda un par de cojines granates, cerró los ojos y notó, no me lo supo explicar bien, cómo, de repente, se le escapó el miedo por alguna esquina del salón y le sobrevino la alegría.



*Foto de la poeta y fotógrafa Teresa Sánchez Laguna.











domingo, 29 de abril de 2018

Encuentros ricos.


Cómo cantan los poetas.






Ian Gibson, con el barítono Luis Santana y el pianista Antonio López Serrano, ofrecieron una conferencia-concierto con las canciones populares del poeta Federico García Lorca.

Organizado por el Ayuntamiento de Villanueva de los Infantes.




   En el vientre de la Alhóndiga, en Villanueva de los Infantes, se celebró un encuentro con  Ian_Gibsonhispanista de origen irlandés y nacionalizado español desde 1984. Especialista en historia contemporánea española, es conocido, sobre todo, por sus trabajos biográficos sobre Federico_García_LorcaSalvador DalíAntonio Machado y Luis Buñuel, entre otros, así como por obras sobre la guerra civil española y el régimen dictatorial del general Franco.


Ian Gibson, se fue con mi Galería de trampantojos en los brazos y un cita, alguna mañana, en pleno centro de Madrid.


   
   Afuera, en la calle, la plaza imperial de mi Villa Favorita, reventaba de guapa y de gentes de todos los puntos cardinales, ahítos de historia y arte.
  Y para digerir tanto gozo, me fui a recorrer, lenta, las calles del pueblo.

Pero, antes de todo esto, por la mañana...



Un lujo.




   Aquí, en la Villa Nueva de los Infantes, a los veintiún días del mes de abril de dos mil y diez y ocho años de la era contemporánea, como dice mi amigo y poeta Juan José Guardia Polaino, presentó su último poemario, "Ido el fauno...", a don Francisco de Quevedo, también en el mismo vientre del claustro de la Alhóndiga, horas antes de lo que ya os he contado más arriba.
   Gran Maestre de la Orden Literaria Fco. de Quevedo, a la que tengo el honor de pertenecer, nos regaló un delicioso y especialísimo libro con sus impresiones, en una impecable prosa poética, sobre lo que acontece entre los muros del convento de Santo Domingo cada año, en la conmemoración del recuerdo del poeta don Francisco de Quevedo, del que es buen conocedor:

"Vos, don Francisco, siempre lo supisteis, la vida no se os acababa ante las tapias de la muerte; quedasteis deambulando, anclado en vuestro polvo enamorado, cuando las almas zigzaguean por la espadañas de etas mínimas desiertas geografías, yo os encuentro bañándoos el alma, venido en sueño, fiel a ese olor de noche entre paredes de honradez".



Encarnación Navarro González, concejala de cultura e igualdad, de Villanueva de los Infantes, Juan José Guardia Polaino, el protagonista de la mañana y José Maria Lozano Cabezuelo, director del museo Quevedo en Torre de Juan Abad, que presentó el libro.

"Poeta de la llama y la ceniza, ¿definitivamente
buscabas un paisaje de corazón y luz y sed y lejanía, para morirte
en estas tierras desnudas, místicas, silenciosas...?"
J.M.Lozano




Con Juan José Guardia Polaino y mi querida amiga, poeta y fotógrafa, Teresa Sánchez Laguna.

"Dejadme, don Francisco,
que ponga la corteza de mi corazón sobre vos.
Yo sé que habíais nacido en la soledad
de los altos andamiajes
pero tristes sonaron los violines heridos de vuestra vida.
Tanta verdad para decir de vuestro nombre
y del dolor ambicioso de la historia...

Año tras año, a los ocho días del mes de setiembre
yo anuncio vuestra muerte reparadora.
Y digo de la Alta Voluntad que os acudió
en socorro de las graves cicatrices de la vida".


   Así suena la voz de Juan José Guardia Polaino entre los claustros de todos los conventos de la Villa Favorita. Y así también en el alma de todos los amigos que somos y que allí nos congregamos para el placer de escucharle.

Enhorabuena maestro.




miércoles, 25 de abril de 2018

Entrevista en domingo.








http://www.tubarrio.online/entrevistas-eloisa-pardo/











Huida






Ayer me levanté  niña,
hoy también.
No me miro el dorso de las manos
y he tapado los espejos
con las batitas que mi madre
ha dejado en mi casa,
antes de irse.

Yo juraría que ando con más gracia,
y que me hago con soltura
el nudo de las zapatillas de huir.
Con ellas me lanzo al parque
y a la primavera.

Se ha hecho de rogar,
la primavera digo,
pero ya está aquí, reventona y chula,
con ganas de aplausos y piropos.
Yo, aún niña,
la respiro con guiños de novedad
 y recojo margaritas
al borde del camino.
Me siento bajo la encina más vieja
y miro las nubes que forman
ovejitas y dragones.

Ayer me levanté niña,
hoy también.
No me miro el dorso de las manos.
Me niego a tirar las batitas de mi madre.

        He colocado el manojo de flores silvestres
en unos botes vacios de mermelada
y he sacado un ajado álbum de fotos
para entender mi vida.





*Imagen tomada de la red.