Bienvenidos, amigos, a mi casa.
Últimamente la tengo algo abandonada, los trajines diarios, la escritura, las ferias,
algún paseo hermoso con el nieto, las escapadas para pensar, sola, caminando, con mis zapatillas de huir, hasta llegar al final de la alameda.
La lectura compulsiva.
Pero aquí está, a vuestra disposición, con la puerta abierta al abrazo.
Encima de la mesa, pequeños retazos de mi sentir al amanecer, cuando, incapaz de continuar en la cama, tengo que saltar y calmar este hormigueo de los dedos, que me impulsa al tecleo y a la confesión.
Acudo a la escritura como desahogo, como rodrigón que me sostiene.
Lo mismo que vosotros, mis queridos lectores, amigos, que acudís siempre a la llamada,
al brote, cauterizando la herida.
Agradecida.
Abrazos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario