lunes, 13 de abril de 2026

Querer ser escritor

¿Cómo puede uno querer ser escritor, si no tiene nada que decir?, comienza diciendo Rafael Chirbes en el tercero y último de sus diarios. Nada que decir. O, mucho. En cualquiera de los dos casos, hay una limitación, una mordaza que impide que coloques las palabras precisas en un texto que se rebelaría contra tí.

Tírame vientos de alegría alguna vez, me dijo. Y, ahí está la desazón. Y la mordaza.
Tengo la sensación de estar perdiendo mucha sangre por alguna herida que no ubico, dijo alguna vez, la Pizarnik.
Lo importante es encontrar a alguien que, a estas alturas de la vida, te regale las primeras veces, le leí a García Márquez.
Lo que imaginamos también forma parte de la realidad, escuché decir un martes a Rosa Montero.
El mayor error de mi vida fue entregar mi corazón a alguien que necesita un cerebro, (no recuerdo quién lo dijo, quizá fui yo).
A veces la única forma de recuperar la estabilidad es perder el equilibrio, (tampoco sé de quién es la frase).
Es cierto que esta mañana, mirando los picos de la sierra desde mi ventana, no tengo nada que decir. Me nutro de frases recordadas, de estos pequeños placebos, para calmar el murmullo de ansiedad de mis dedos, ávidos de escribir todo aquello que me diga, que me defina, que te responda, que me sane.
Ya me he puesto mis zapatillas de huir. Salgo a correr por la alameda. A tocar el aire y el tronco rotundo de los árboles. Salgo.
¿Cómo quiero ser escritora, si no tengo nada que decir?
O, tanto, que no sé escoger las palabras precisas que iluminen el resto del camino.


No hay comentarios:

Publicar un comentario