jueves, 20 de abril de 2017

Presentación Modesto González Lucas.




Con José Antonio Chico y Modesto.


 Fe de vida.

La palabra da fe de mi existencia
sometida a la forma del soneto.
Palabra en libertad, sutil secreto,
engendrada en el cuenco de la esencia.

La noche, sostenida en su potencia,
renueva la armonía de lo escueto,
sincera conjunción de lo concreto
en la dulce quietud de la conciencia.

La mañana en la calma bendecida.
La palabra hecha carne. La evidencia
de la luz se me impone sin medida.

Me adentro en el asombro de la vida.
Aunado el palpitar de la existencia,
doy fe de una bondad desconocida.

     Este soneto pertenece al libro Sonetos del descampado; en este poemario  Modesto habla de la vida, de la muerte, da forma y fondo a los meses del año, pergeña versos con su Leganés, con los alrededores, con nuestros monumentos, homenajea a amigos: Adolfina sentada entre las flores/estaba como ausente. La tristeza,/diadema de cristal en su cabeza,/la sumía en intensos sinsabores.
   He presentado a Modesto González Lucas, en varias ocasiones, una de ellas fue también en un mes de Abril en el desaparecido Café Comercial, hace tres años. Le he presentado en mi casa cultural de Castilla- La Mancha, en la Libre de Barrio, en las aulas de la UNED… hoy aquí. Me lo propusieron él y Mari Carmen, su mujer, y no me pude negar, porque, aunque poco puedo descubrir ya de su persona y de su trayectoria, siempre tengo un poco más de admiración hacia este poeta-amigo que lleva en la mirada el paisaje, su campo de batalla, su camino de perfección.
    Si diré que Modesto González Lucas nació en Madrid un 9 de Agosto, el mismo día en que la segunda bomba atómica dejaba caer la muerte sobre la ciudad japonesa de Nagasaki.
   Que vive en Leganés junto a su mujer y compañera Mari Carmen Ferreras, a la que dedica casi todos sus libros, a la que ofrece sus más sentidos e íntimos poemas.
    Que es licenciado en Ciencias de la Información y Humanidades y ha ejercido de periodista y dirigido varias publicaciones durante bastantes años en Leganés y toda la zona sur de Madrid. Que es perpetuo estudiante.
   Que es un escritor curioso, interesado por todo, un paciente historiador que, a través de sus relatos y poemas, nos deja una impronta de nuestros días, de nuestra geografía, del pasado, haciéndolo presente y, a veces, futuro.
   Ha publicado los libros Anita, fiel a su memoria, sobre una mujer luchadora y relevante, impulsora de la igualdad y la justicia, que se instaló en Leganés a comienzo de los años 70 y fue amiga personal del matrimonio: La casa está en silencio, suspendida/ en la calma que irradia la mañana./ Anita se levanta, su ventana,/ como su corazón, se abre a la vida.
   Ha escrito, El músico que vino de Valencia, un precioso y preciso retrato del director de la Escuela de Música de Leganés, D. Manuel Rodríguez Sales y del discurrir del tiempo en la Pablo Casals.
    El libro de relatos Cuentos de la ciudad dormitorio, racimo de historias cotidianas y sorprendentes asentadas en su mayoría en Leganés, su localidad, con personajes cercanos  y en las que todos sus habitantes, en mayor o menor medida, se vieron reflejados.
    Y los libros de poemas  Sonetos del descampado, del que hemos hablado,  En el huerto de los Castaños  y El paisaje en la mirada, donde nos lleva en volandas por todos los rincones del planeta, un poemario que deberíamos llevar si visitamos Nueva York: Ciudad de Nueva York, urbe incipiente,/ soledad de cristales por los cielos./ El cemento despliega sus anhelos/ ondulando su imagen bajo el puente.  París: A las puertas del Louvre, transparente,/ la madrugada es gris melancolía./ Un violín, una suave melodía,/ entre los dedos de una adolescente.  Y así con otros países del globo, en los que comprobamos el dominio del poeta por la técnica y la precisión del verso, del soneto preferentemente, forma de composición que viste de etiqueta al poemario.
    Modesto lleva el poema en la retina cuando contempla el mundo y sus veredas, versifica el paisaje en la mirada, busca, indaga, encuentra, hermosea y derrama sobre la hoja en blanco todo el arsenal que acumula, para deleitarnos, para instruirnos y compartir con los lectores todo el bagaje que, día a día, incansable, no deja de acumular.
    Modesto, hombre observador social y comprometido, ha puesto también su buen hacer y su pluma en la lucha contra las injusticias, en este caso sobre el duro tema de la hepatitis C., a pie de calle y con la publicación de un poemario, Vivir, ha exigido con su verso y su voz y junto a la plataforma de afectados por la hepatitis C, la solución al problema.
   Esta tarde nos ocupamos de su último poemario, Campo de batalla, Camino de perfección, donde se explaya con una tierra que ama especialmente: Ávila, en la quietud de la meseta; sus murallas de silencio y de granito; sus puentes; sus sierras; sus aguas y sus personajes. Teresa de Ávila o San Pedro del Barco, sus amigos, sus recuerdos, su lugar de meditación.
   Modesto es poeta, no sólo por los versos que compone tan delicada  y perfectamente, sino por su mundo interior y, en este poemario, que me ha gustado de manera especial, logra mostrarnos la espiritualidad,  el éxtasis y la mística de un tiempo enriquecido que nos muestra y que no nos podemos perder.
   Fundirse con el silencio, asentarse en la quietud, encontrarse en la raíz. Entrar sin ruido a escondidas en lo más hondo del alma, con hambres de eternidad. Alcanzar lo inalcanzable y no poderlo abrazar, nos dice la santa.
    Quiero hacer hincapié en el poema-biografía  sobre el presbítero   San Pedro del Barco, es una obra maestra que hay que leer despacio, masticando y gozando: Pedro del Barco se sienta- a meditar bajo un roble,- entre sus dedos desgrana- un rosario de oraciones,- la tarde se desvanece- sobre las aguas del Tormes.
    Escribe sobre los amigos ausentes, a su amor: Te pido perdón por nada,/ por mirarte y no mirarte,/ por quererte y no quererte./ Te pido perdón por todo,/ por perderme en tu mirada/ cuando sueño con la muerte.
   A la infancia: Mi madre cose…/ junto al balcón,/ en el silencio/ del corazón.
   Y a la muerte: Mis cenizas dormirán/ a la sombra del castaño,/ esparcidas en la hierba/ por el amor de tu mano.
   Desde Leganés,  Modesto contempla los montes de El Tiemblo y sueña, desde El huerto de los castaños, el poema surge como un torrente apaciguado.
    Poco más quiero y debo decir sobre este excelente poemario, porque es el autor el que queremos que nos desgrane el germen que le inspiró, su querencia por Teresa de Jesús, por sus tierras y por el ermitaño san Pedro del Barco. Cómo se documentó para ello, cómo discurrió su elaboración y cuáles son sus próximos proyectos.
   Enhorabuena Modesto y me tienes a tu disposición para presentarte en tantas ocasiones como desees porque disfruto y aprendo con tu poesía.
Gracias a todos.


Jueves, 20 de Abril de 2017.
Centro cívico Rosa Luxemburgo.

Leganés.

3 comentarios:

  1. Quisiera contestar con un soneto
    difícil me lo pone mi sapiencia.
    La ponente realza la evidencia
    presentando poemas de Modesto.

    Ya te dije otra vez, que habrá que instituir el premio a la mejor presentadora/or, de escritores. Sin duda alguna, lo ganarías. Mi soneto,es un cuarto de soneto o ni tan siquiera eso.Gracias por enseñarme lo que sé, aunque "solo sé que no sé nada".Acabo de terminar, El asesinato de Sócrates.Nos veremos.

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    1. Pues es estupendo, tienes que continuar y acabarlo. Luego nos lo lees en el taller. Artista, un abrazo grande. Te admiro. Un beso con once sílabas.

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  2. Gracias Eloisa, puntual como siempre. Me gusta la presentacion por tu elegancia y sobriedad al mismo tiempo. Vas desgranando lo mejor de su obra (que desconozco) y armonizandola con la esencia de su persona. Muy bonito

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