
Hoy te has levantado mimoso, necesitado. Ya en la cama me mirabas fijamente, para incomodarme. Durante mi café lento de los viernes, leyendo el periódico en la pantalla del ordenador, acompañabas a tu mirada acusadora y lastimosa pequeños golpes con la patita, indicándome rapidez en los sorbos.
En la calle, tu paso, otras veces
despegado y pasota, se asociaba al mío y rozabas, de vez en cuando, tu
hociquillo contra mi pierna.
Te he
mantenido un ratico al sol de este Febrero hermoso, para darle fuerza a tus
huesecillos, a tu cuerpo menudo y algodonoso y luego hemos subido a casa con un
ramo de azaleas que me tenía reservado mi querida jardinera Paula.
Seguías
melancólico y sólo cuando, aupado a mi pecho, las manos cogidas, hemos bailado las últimas canciones de Amy Winehouse, danzando alocados
por el salón, sólo entonces, digo, te has acurrucado, feliz, entre los cojines
de tu sofá preferido y desde allí, me miras sonriente y triunfante, descarado,
mientras yo escribo esto para levantar acta de las toneladas de felicidad
que me procuras, bichejo, perrillo
amado, fiel Haro, que llegaste a mi vida hace nueve años, para mejorarla, para
mejorarla..."
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