Tus dedos van exactos al centro de la herida,
cauterizan mis ansias,
mis deseos ocultos.
Vuelan corzas por el aire rancio
de la alcoba en llamas
y escuchamos unos pasos que zanjan la alegría.
Encendemos la luz para apagar la magia
y distanciamos los labios
que gimen de desamparo y hambre.
Aúllan en el perchero los lobos de la pasión contenida.
Regreso al lunes.
Te doy las gracias por la calma del pálpito
y bajo las escaleras hacia el vacío latente
de mi cuerpo renovado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario