domingo, 4 de octubre de 2026

Geografía del deseo

 Tus dedos van exactos al centro de la herida,

cauterizan mis ansias,
mis deseos ocultos.
Vuelan corzas por el aire rancio
de la alcoba en llamas
y escuchamos unos pasos que zanjan la alegría.
Encendemos la luz para apagar la magia
y distanciamos los labios
que gimen de desamparo y hambre.
Aúllan en el perchero los lobos de la pasión contenida.
Regreso al lunes.
Te doy las gracias por la calma del pálpito
y bajo las escaleras hacia el vacío latente
de mi cuerpo renovado.



miércoles, 30 de septiembre de 2026

Cosas simpáticas que ocurren en tu barrio

 Cosas simpáticas que ocurren en tu barrio.

Mi vecino Paco me ve llegar y me hace una foto. Me doy cuenta e intento ponerme de pose.
Y nos reímos y me enseña las fotos y le digo que las voy a compartir con mis amigos. Y dice, vale.
Y subimos juntos en el ascensor. Él se queda en el cuarto y yo sigo subiendo hacia mi piso trece y hacia la gracia del momento y de la amistad de los vecinos de toda la vida.
Hacia el cielo de la dicha de vivir.








miércoles, 16 de septiembre de 2026

Setenta es un número extraño

 Setenta es un número extraño.

Parece una cifra que alguien ha puesto delante de mi nombre
para que los demás sepan cómo tienen que mirarme.
Algunas mañanas me contemplo en el espejo
como se contempla una casa
en la que hemos vivido toda la vida.
Conozco cada habitación,
sé quién durmió en alguna cama,
los cambios que se sucedieron,
las puertas que siempre estuvieron abiertas.
Pero no deseo volver a ser joven.
Eso es lo extraño.
Solo quiero descubrir el hueco
que permanecía oculto tras una pared,
una nueva ventana
por donde entre la luz.
Encontrar lo que desconozco.
A esta edad,
el deseo ya no tiene prisa.



domingo, 13 de septiembre de 2026

De meditaciones y dudas

 Viaje relámpago a Gandía.

Me hacía falta escuchar el bramido del mar, recorrer su orilla, dejando que el suspiro de la última ola me deje una impronta de sal en los tobillos. Me hacía falta cierto balanceo, dejarme columpiar, remover, para el intento de colocar de nuevo los trozos en su sitio. Me hacía falta mirar y ver. Dejar mis huellas en la playa desierta. Mirar a lo lejos y preguntar. Preguntarme. Volver renovada y ardida. Para poder continuar. Con rescoldos tercos en la nuca que me recuerden la necesidad de seguir.



jueves, 10 de septiembre de 2026

Habitar la piedra.

 Hay personas que llegan tarde

y aun así llegan a tiempo.
Cuando ya no estamos huyendo,
cuando el deseo
no necesita disfrazarse de urgencia,
cuando podemos quedarnos sentadas
en el silencio.
Cuando las cicatrices
todavía guardan calor.
Una mirada basta
para que la piel recuerde
lo que todavía no ha sucedido.
Hay encuentros que parecen comenzar
mucho antes de que dos personas
se digan sus nombres.









miércoles, 9 de septiembre de 2026

Vuelta a los talleres de escritura.

 NOTA INFORMATIVA:

El verano ya es historia, material para escribir y es lo que haremos el primer lunes de nuestro taller de escritura creativa al que vas a asistir. Comenzamos el lunes cinco de octubre en el centro cívico Santiago Amón de Leganés. Dos grupos de personas locas por el olor a tinta, por las palabras hiperactivas danzando por el cuaderno, ingobernables, poderosas. Catorce años de experiencia.
Todos los lunes, dos horarios: de 16 a 18h., y de 18 a 20h.
ASEGURA TU PLAZA, VEN A CONOCERNOS LOS DÍAS 14, 15 y 16 DE SEPTIEMBRE, DE 11:00 A 13:00 Y DE 17:30 A 19:00 AL CENTRO SANTIAGO AMÓN, PRIMERA PLANTA Y TE GUARDAMOS TU SILLA.
O, LLAMA AL 91 248 95 56 O AL 609 97 89 26
Soy Eloísa, tu monitora. Escriviviremos.
(Universidad Popular de Leganés)






Mirando el mar

 Miro el mar

y parece que no sabe

que el verano termina.
Llega a la orilla
una ola detrás de otra,
como si nada tuviera que quedarse
para siempre.
Hay una luz distinta
sobre el agua,
más sabia,
más indiferente,
como si el día también estuviera
aprendiendo a despedirse.
El mar se lleva las huellas
de lo que fuimos.
Y se conforma
con las cosas pequeñas.
Como yo.
Sigo mirando su poder
y su magia, sabiendo que algo finaliza
y algo empieza.
Y, a pesar de que hace rato
que la noche se ha derramado
sobre la arena caliente
y que septiembre se despereza
sobre mis hombros,
me quedo un momento más,
absorta y resignada,
frente al agua.





sábado, 4 de julio de 2026

Ítaca

 Ya se han acabado mis ferias por ahora.

Cansaeja, no lo voy a negar. Pero feliz, satisfecha de vuestra respuesta y cariño.

Me he quedado sin libros, sin tinta en los bolígrafos y sin miedo a continuar. Vuestro es el mérito.

Hace veintiocho años, recién operada de cáncer, decidí tomar el camino de la escritura en firme, dedicarme a lo que siempre había amado. A tiempo completo.

Me he equivocado muchas veces en mi vida, pero aquella decisión fue la mejor. Sigo en esa dirección y, cada vez, la vista es más amplia y prometedora.

Y os he ido conociendo.

Y acumulado experiencias.

Es mi camino a Ítaca.

Sólo pido que el camino sea largo...




Poema

 Mis amigos me ven triste en el poema.

Les confunde, me dicen, el olor a niebla

y a ventisca de mis versos,
mis ventanas cerradas.
Me preguntan
si el poema me contiene
o escribo de otros desiertos y naufragios.
Les duele mi balanceo ausente,
el candado que llevo en el pecho,
mi vestido oscuro.
Mis amigos me esperan
en las esquinas de la tarde
para verme llegar,
atentos siempre al dibujo de mi paso
y al frío que cuelga de mis collares.
Yo les sonrío desde lejos
y les lanzo ramitos de esperanza,
lluvia de pétalos calientes,
besos traviesos.
Me veis triste en el poema, les diría,
porque estoy llena de nostalgias
y misterios,
porque no recuerdo nada de aquel día,
porque no crecí y se me sale el zapato
en la escalera,
porque no bailé de noche
ni me besaron cuando la lluvia
me empapaba el alma.
Escribo triste porque estoy triste,
porque perdí la llave.
Pero no se lo digo, sólo les señalo la luna
y les susurro bajito una canción de niña.
Mis amigos me sujetan los viernes
con puntaditas de plata.





lunes, 20 de abril de 2026

El error

 Ella había nacido alegre. Nunca dejó de serlo. Sabía mirar y ver.

Sabía agradecer. Sabía introducirse, licuarse casi, en la magia de un bosque, en el hechizo de la luna, en el milagro de una flor minúscula brotando entre las baldosas de la avenida. En el peregrinaje de las hormigas.

Ella era una eterna enamorada de las pequeñas cosas. Había nacido, como os digo, con el atributo de la alegría.

Y, por eso se preguntaba, cada día, el porqué de esa tristeza que supuraban sus ojos al despertar, esa inercia, esa falta de ganas de continuar, esa losa con la que tenía que luchar a cada momento, en cada recodo del camino, cada vez que se acordaba del error.

Cada vez que se percataba de su eterno fracaso. Sabía el día y la hora. Recordaba las dudas de sus dudas. El paso. Medio siglo ya de aquel desvío.

Toda una vida en barbecho. Yerma.
Sin fruto.
Sola.





domingo, 19 de abril de 2026

Silencio

 Me he despertado con los parloteos, escandalosos y precipitados, de las cotorras argentinas. No me molestan. Me gusta. He mantenido los ojos cerrados mientras escuchaba el rumor de mi cuerpo, atenta a lo que me pedía.

Me pedía silencio. Silencio absoluto en este domingo limpio y desocupado. Todo para mí. A mi entera disposición.
Después de una ducha ligera, mi caftán blanco. Sin pendientes, sin pulseras, sin más ropa. Y, descalza, siempre descalza, como mi bisa Eloísa, la curandera.
Café, un bolígrafo verde y un cuaderno impoluto y ofrecido. A estrenar. Y silencio.
Cada vez me gusta más el silencio. Evito reuniones donde haya más de media docena de personas, evito los restaurantes o cafeterías donde esté encendida la televisión o la música dificulte una charla relajante de susurro. No soy capaz de aparcar bien si está encendida la radio. Mis huidas, a pie o en el coche, no se acompañan de música ni llevo auriculares que me impidan ver.
Necesito estar libre de ruido para escuchar, con total nitidez, el aire, el murmullo de las hojas del álamo, el reclamo de los pájaros o la caída limpia del agua sobre la piedra. Amo el silencio.
Mi mejor foulard cubre, desde hace años, la pantalla del televisor. Castigado y mudo.
Ahora estoy en mi estudio, con el fondo vivo del guirigay de las cotorras, con el suave ronquido de mi perro, con el hormigueo de las yemas de mis dedos, ese runrún que me incita a escribir, que me mantiene, que me ayuda a dar el siguiente paso. Que me anima con empujoncitos de vida. Pero, silencio. Mi casa está en silencio. Estoy sola. Rodeada de libros y deseos de descubrir. De recordar, de separar el trigo de la paja. De encontrar.
Se han callado las cotorras; el cuaderno, colmado ya de una exuberancia de selva, con letra menuda, hormiguil, densa.
Y yo, esperando que, algún día, entre la espesura, avance, abriéndose pasos con golpes contundentes de machete, la palabra exacta.
En silencio.



martes, 14 de abril de 2026

Bienvenidos

 Bienvenidos, amigos, a mi casa.

Últimamente la tengo algo abandonada, los trajines diarios, la escritura, las ferias,

 algún paseo hermoso con el nieto, las escapadas para pensar, sola, caminando, con mis zapatillas de huir, hasta llegar al final de la alameda.

 La lectura compulsiva.

Pero aquí está, a vuestra disposición, con la puerta abierta al abrazo.

Encima de la mesa, pequeños retazos de mi sentir al amanecer, cuando, incapaz de continuar en la cama, tengo que saltar y calmar este hormigueo de los dedos, que me impulsa al tecleo y a la confesión.

Acudo a la escritura como desahogo, como rodrigón que me sostiene.

Lo mismo que vosotros, mis queridos lectores, amigos, que acudís siempre a la llamada,

al brote, cauterizando la herida. 

Agradecida. 

Abrazos.








Tirabuzones de luz

 Me he levantado con la incertidumbre pegada a la cintura, con los hombros algo vencidos y con los bolígrafos vacíos de paisajes y esperanza. He salido a pasear las calles de antaño. Por ver si me regresa el deseo. Y ha sido esta ventana, con sus tirabuzones de luz, con su reflejo duplicado y gozoso, la que me ha dejado parada, escuchando su mensaje, su algarabía, su seguridad de recuerdo, su majestuosa opulencia. Y ahora lo escribo y, poco a poco, me vuelven las ganas de pedir aquello, de esperar el milagro. De encontrar lo que perdí. Lo que nunca tuve.




Fingir alegría

 "Estoy preñada de palabras y no sé con quién hice el amor", me he despertado con este verso de mi paisano Dionisio Cañas entre los dientes. Llevo toda la mañana repitiéndolo.

Así me veo. Voy de poema en poema, huyendo. Preñada.
Y sé de qué huyo. De qué intento alejarme, construyendo, sílaba a sílaba, un recorrido que pudo haber sido, que no fue.
Y, fue mi culpa. Sólo mía.
Una gestación baldía, sin fruto.
Sí recuerdo el momento exacto, el ansia de correr, la prisa por alcanzar el horizonte. No sabía entonces nada de utopías ni de anhelos.
Sólo el ansia. Ciega. Y tomé lo primero que me salió al paso.
No hice nunca el amor para justificar esta gestación perpetua. Este peso atroz en el vientre. Esta tristeza añeja. Un reconcome que ya es hábito. Que mina en silencio. Que amordaza.
Pero salgo a la mañana que parpadea con asombro, me detengo ante la sorpresa y finjo alegría.









lunes, 13 de abril de 2026

Querer ser escritor

¿Cómo puede uno querer ser escritor, si no tiene nada que decir?, comienza diciendo Rafael Chirbes en el tercero y último de sus diarios. Nada que decir. O, mucho. En cualquiera de los dos casos, hay una limitación, una mordaza que impide que coloques las palabras precisas en un texto que se rebelaría contra tí.

Tírame vientos de alegría alguna vez, me dijo. Y, ahí está la desazón. Y la mordaza.
Tengo la sensación de estar perdiendo mucha sangre por alguna herida que no ubico, dijo alguna vez, la Pizarnik.
Lo importante es encontrar a alguien que, a estas alturas de la vida, te regale las primeras veces, le leí a García Márquez.
Lo que imaginamos también forma parte de la realidad, escuché decir un martes a Rosa Montero.
El mayor error de mi vida fue entregar mi corazón a alguien que necesita un cerebro, (no recuerdo quién lo dijo, quizá fui yo).
A veces la única forma de recuperar la estabilidad es perder el equilibrio, (tampoco sé de quién es la frase).
Es cierto que esta mañana, mirando los picos de la sierra desde mi ventana, no tengo nada que decir. Me nutro de frases recordadas, de estos pequeños placebos, para calmar el murmullo de ansiedad de mis dedos, ávidos de escribir todo aquello que me diga, que me defina, que te responda, que me sane.
Ya me he puesto mis zapatillas de huir. Salgo a correr por la alameda. A tocar el aire y el tronco rotundo de los árboles. Salgo.
¿Cómo quiero ser escritora, si no tengo nada que decir?
O, tanto, que no sé escoger las palabras precisas que iluminen el resto del camino.


miércoles, 4 de marzo de 2026

Tiempo, más tiempo.

 Hoy es uno de esos días. Sensación de fugacidad. De tiempo limitado. Cojo la novela que estoy leyendo; la novela que estoy escribiendo; el poema que dejé anoche a medias; pienso que debería ordenar ropa; que llevo tres faltas a yoga; quiero retomar la pintura; hace mucho que no monto a caballo; no recuerdo la última vez que; miro la torre de libros por leer; tengo media docena de besos pendientes; me acuerdo demasiado de aquello; que para cuándo cumplir ese deseo postergado..., todo eso. Y, más. Y el tiempo que se escapa, ajeno a tu angustia. Cruel.

En la foto sonrío, pero, hay días que pienso y me abrazo sin prisa.





viernes, 27 de febrero de 2026

Mi novela se me rebela

 Me encuentro al borde de un precipicio. Un paso más y me despeño.

Estoy atorada en una novela, en una historia que se me ha rebelado, que me desobedece sin ningún rubor. Me amenaza y se ríe en mi cara de mi falta de recursos. Se ha sublevado.
Tengo atoradas todas las palabras. Loca y ciega, intento empujar la puerta para buscar la resolución, para ordenarlas. Para intentar encontrar una salida digna. Pero no caigo en la cuenta de que la puerta se abre hacia dentro. Cuanto más empujo, más me encierro en mi caos.
En un acto de soberbia, he borrado todas las páginas escritas y me he quedado, desnuda y temblando, ante la pantalla en blanco, con el cursor asombrado y sorprendido por mi acto impulsivo, impetuoso y sin sentido.
Esta tarde tengo un encuentro poético. Tengo que tranquilizarme y ubicarme de nuevo.
Me calzo mis zapatillas de huir y me lanzo a recorrer la alameda, a preguntar a los árboles qué hacer.
Manuela, la portera de mi novela, está tan perdida como yo.
Casi doscientas páginas se han evaporado. Pero no puedo dejarla con su sueño de escapar. Quizá también sea el mio.
Mañana le pediré perdón, entraré de nuevo en su reino de la calle Jorge Juan y retomaremos su historia. Se lo debo. Al fin y al cabo, fui yo la que la incité a que me la contara. No puedo defraudarla. No quiero defraudaros.





lunes, 23 de febrero de 2026

Para mi padre

 Mi padre tenía los ojos seductores

y el pelo lleno de caracoles negros,
enamoró a mi madre con la promesa de un poema interminable
y rondando su ventana con pasos lentos.
Se llamaba Ángel.
Mi madre me dijo que le desabrochó
los sesenta y ocho botones de su vestido de novia
con la delicada minuciosidad de un cirujano
y que luego se detuvo un instante
para que la luna derramara sobre la cama las miles de noches
que tendrían para quererse.
Se fueron de viaje en una tartana sin prisa tirada por dos corceles blancos.
Mi madre me cuenta que, una tarde,
en la que su marido la llevó a pasear por todas las calles de Madrid,
le preguntó, algo engreído,
en una de aquellas encrucijadas y laberintos,
que si sabía dónde estaba.
Mi madre me dijo que le tomó de la mano,
levantó la mirada hacia su boca y respondió: contigo.
Me gusta recordar esa anécdota hermosa,
mi padre se reconoció vencido,
y yo envidio aquella respuesta enamorada de mi madre,
su entrega confiada.
Nunca una sensación parecida me ha estallado en el pecho.