sábado, 4 de julio de 2026

Ítaca

 Ya se han acabado mis ferias por ahora.

Cansaeja, no lo voy a negar. Pero feliz, satisfecha de vuestra respuesta y cariño.

Me he quedado sin libros, sin tinta en los bolígrafos y sin miedo a continuar. Vuestro es el mérito.

Hace veintiocho años, recién operada de cáncer, decidí tomar el camino de la escritura en firme, dedicarme a lo que siempre había amado. A tiempo completo.

Me he equivocado muchas veces en mi vida, pero aquella decisión fue la mejor. Sigo en esa dirección y, cada vez, la vista es más amplia y prometedora.

Y os he ido conociendo.

Y acumulado experiencias.

Es mi camino a Ítaca.

Sólo pido que el camino sea largo...




Poema

 Mis amigos me ven triste en el poema.

Les confunde, me dicen, el olor a niebla

y a ventisca de mis versos,
mis ventanas cerradas.
Me preguntan
si el poema me contiene
o escribo de otros desiertos y naufragios.
Les duele mi balanceo ausente,
el candado que llevo en el pecho,
mi vestido oscuro.
Mis amigos me esperan
en las esquinas de la tarde
para verme llegar,
atentos siempre al dibujo de mi paso
y al frío que cuelga de mis collares.
Yo les sonrío desde lejos
y les lanzo ramitos de esperanza,
lluvia de pétalos calientes,
besos traviesos.
Me veis triste en el poema, les diría,
porque estoy llena de nostalgias
y misterios,
porque no recuerdo nada de aquel día,
porque no crecí y se me sale el zapato
en la escalera,
porque no bailé de noche
ni me besaron cuando la lluvia
me empapaba el alma.
Escribo triste porque estoy triste,
porque perdí la llave.
Pero no se lo digo, sólo les señalo la luna
y les susurro bajito una canción de niña.
Mis amigos me sujetan los viernes
con puntaditas de plata.