jueves, 10 de septiembre de 2026

Habitar la piedra.

 Hay personas que llegan tarde

y aun así llegan a tiempo.
Cuando ya no estamos huyendo,
cuando el deseo
no necesita disfrazarse de urgencia,
cuando podemos quedarnos sentadas
en el silencio.
Cuando las cicatrices
todavía guardan calor.
Una mirada basta
para que la piel recuerde
lo que todavía no ha sucedido.
Hay encuentros que parecen comenzar
mucho antes de que dos personas
se digan sus nombres.







miércoles, 9 de septiembre de 2026

Vuelta a los talleres de escritura.

 NOTA INFORMATIVA:

El verano ya es historia, material para escribir y es lo que haremos el primer lunes de nuestro taller de escritura creativa al que vas a asistir. Comenzamos el lunes cinco de octubre en el centro cívico Santiago Amón de Leganés. Dos grupos de personas locas por el olor a tinta, por las palabras hiperactivas danzando por el cuaderno, ingobernables, poderosas. Catorce años de experiencia.
Todos los lunes, dos horarios: de 16 a 18h., y de 18 a 20h.
ASEGURA TU PLAZA, VEN A CONOCERNOS LOS DÍAS 14, 15 y 16 DE SEPTIEMBRE, DE 11:00 A 13:00 Y DE 17:30 A 19:00 AL CENTRO SANTIAGO AMÓN, PRIMERA PLANTA Y TE GUARDAMOS TU SILLA.
O, LLAMA AL 91 248 95 56 O AL 609 97 89 26
Soy Eloísa, tu monitora. Escriviviremos.
(Universidad Popular de Leganés)






Mirando el mar

 Miro el mar

y parece que no sabe

que el verano termina.
Llega a la orilla
una ola detrás de otra,
como si nada tuviera que quedarse
para siempre.
Hay una luz distinta
sobre el agua,
más sabia,
más indiferente,
como si el día también estuviera
aprendiendo a despedirse.
El mar se lleva las huellas
de lo que fuimos.
Y se conforma
con las cosas pequeñas.
Como yo.
Sigo mirando su poder
y su magia, sabiendo que algo finaliza
y algo empieza.
Y, a pesar de que hace rato
que la noche se ha derramado
sobre la arena caliente
y que septiembre se despereza
sobre mis hombros,
me quedo un momento más,
absorta y resignada,
frente al agua.





sábado, 4 de julio de 2026

Ítaca

 Ya se han acabado mis ferias por ahora.

Cansaeja, no lo voy a negar. Pero feliz, satisfecha de vuestra respuesta y cariño.

Me he quedado sin libros, sin tinta en los bolígrafos y sin miedo a continuar. Vuestro es el mérito.

Hace veintiocho años, recién operada de cáncer, decidí tomar el camino de la escritura en firme, dedicarme a lo que siempre había amado. A tiempo completo.

Me he equivocado muchas veces en mi vida, pero aquella decisión fue la mejor. Sigo en esa dirección y, cada vez, la vista es más amplia y prometedora.

Y os he ido conociendo.

Y acumulado experiencias.

Es mi camino a Ítaca.

Sólo pido que el camino sea largo...




Poema

 Mis amigos me ven triste en el poema.

Les confunde, me dicen, el olor a niebla

y a ventisca de mis versos,
mis ventanas cerradas.
Me preguntan
si el poema me contiene
o escribo de otros desiertos y naufragios.
Les duele mi balanceo ausente,
el candado que llevo en el pecho,
mi vestido oscuro.
Mis amigos me esperan
en las esquinas de la tarde
para verme llegar,
atentos siempre al dibujo de mi paso
y al frío que cuelga de mis collares.
Yo les sonrío desde lejos
y les lanzo ramitos de esperanza,
lluvia de pétalos calientes,
besos traviesos.
Me veis triste en el poema, les diría,
porque estoy llena de nostalgias
y misterios,
porque no recuerdo nada de aquel día,
porque no crecí y se me sale el zapato
en la escalera,
porque no bailé de noche
ni me besaron cuando la lluvia
me empapaba el alma.
Escribo triste porque estoy triste,
porque perdí la llave.
Pero no se lo digo, sólo les señalo la luna
y les susurro bajito una canción de niña.
Mis amigos me sujetan los viernes
con puntaditas de plata.





lunes, 20 de abril de 2026

El error

 Ella había nacido alegre. Nunca dejó de serlo. Sabía mirar y ver.

Sabía agradecer. Sabía introducirse, licuarse casi, en la magia de un bosque, en el hechizo de la luna, en el milagro de una flor minúscula brotando entre las baldosas de la avenida. En el peregrinaje de las hormigas.

Ella era una eterna enamorada de las pequeñas cosas. Había nacido, como os digo, con el atributo de la alegría.

Y, por eso se preguntaba, cada día, el porqué de esa tristeza que supuraban sus ojos al despertar, esa inercia, esa falta de ganas de continuar, esa losa con la que tenía que luchar a cada momento, en cada recodo del camino, cada vez que se acordaba del error.

Cada vez que se percataba de su eterno fracaso. Sabía el día y la hora. Recordaba las dudas de sus dudas. El paso. Medio siglo ya de aquel desvío.

Toda una vida en barbecho. Yerma.
Sin fruto.
Sola.





domingo, 19 de abril de 2026

Silencio

 Me he despertado con los parloteos, escandalosos y precipitados, de las cotorras argentinas. No me molestan. Me gusta. He mantenido los ojos cerrados mientras escuchaba el rumor de mi cuerpo, atenta a lo que me pedía.

Me pedía silencio. Silencio absoluto en este domingo limpio y desocupado. Todo para mí. A mi entera disposición.
Después de una ducha ligera, mi caftán blanco. Sin pendientes, sin pulseras, sin más ropa. Y, descalza, siempre descalza, como mi bisa Eloísa, la curandera.
Café, un bolígrafo verde y un cuaderno impoluto y ofrecido. A estrenar. Y silencio.
Cada vez me gusta más el silencio. Evito reuniones donde haya más de media docena de personas, evito los restaurantes o cafeterías donde esté encendida la televisión o la música dificulte una charla relajante de susurro. No soy capaz de aparcar bien si está encendida la radio. Mis huidas, a pie o en el coche, no se acompañan de música ni llevo auriculares que me impidan ver.
Necesito estar libre de ruido para escuchar, con total nitidez, el aire, el murmullo de las hojas del álamo, el reclamo de los pájaros o la caída limpia del agua sobre la piedra. Amo el silencio.
Mi mejor foulard cubre, desde hace años, la pantalla del televisor. Castigado y mudo.
Ahora estoy en mi estudio, con el fondo vivo del guirigay de las cotorras, con el suave ronquido de mi perro, con el hormigueo de las yemas de mis dedos, ese runrún que me incita a escribir, que me mantiene, que me ayuda a dar el siguiente paso. Que me anima con empujoncitos de vida. Pero, silencio. Mi casa está en silencio. Estoy sola. Rodeada de libros y deseos de descubrir. De recordar, de separar el trigo de la paja. De encontrar.
Se han callado las cotorras; el cuaderno, colmado ya de una exuberancia de selva, con letra menuda, hormiguil, densa.
Y yo, esperando que, algún día, entre la espesura, avance, abriéndose pasos con golpes contundentes de machete, la palabra exacta.
En silencio.