lunes, 19 de enero de 2015

De ansias y sosiegos.Día 18.

18. Un domingo en el rastro.



Salimos temprano de Infantes, teníamos una cita antigua con unos amigos para pasar la mañana husmeando por los rincones del Rastro de Madrid.

Obligué a mi marido a dar un par de vueltas con el coche por el pueblo antes de partir para despedirme a mi manera.
Dijo que estaba loca.
Vale.
Ya en Madrid, cuando conseguimos llegar al punto de encuentro, nos estaban esperando calentando el cuerpo con un vinillo tempranero.
Hicimos lo propio y nos lanzamos a la aventura, a la caza de tesoros, a tocar, a comprar cosas total y deliciosamente innecesarias y a ensalivarnos, pensando en el bocadillo de calamares o los caracoles y cervecillas que nos esperaban después.
Me encapriché de un bastón y, tras el regateo gozoso que acompaña a la compra, pasará a formar parte de la familia que estoy engrosando.
Ahora colecciono bastones. 
Que lo sepáis. Ahí lo dejo.



Para gozar de la libertad que se desea en estos casos, quedamos, para más tarde, en un bar de Cascorro. Los hombres se perdieron, Dios se lo pague a Dios, como se dice en mi pueblo y a las mujeres se nos ensanchó Castilla.
A lo nuestro.
Mi amiga, en un descuido, me compró otro libro de mi Leonardo. Yo, en otra distracción de ella, un menú escrito en una tela antigua que le trajo recuerdos que desconocía.


Mi amiga sabe de mi pasión por Leonardo  da Vinci, le comenté hace años que me lo encontré en su casa de Clos-Lucé, (os lo contaré algún día).


Mi amiga M. Carmen y yo.

La tarde se cerró con unos tés y unos licorcitos de hierbas.
Se acabó el fin de semana.
Villa Favorita, membrillos y un bastón nuevo.
Vamos a por la siguiente.
Sed felices.

sábado, 17 de enero de 2015

De ansias y sosiegos. Las mil y una noches.

17. Hoy soy Sherezade.


"Dicen que cuando un hombre se levanta sonriente es porque, de noche, su mujer se acuesta con un trozo de membrillo entre los dientes".




Esta mañana he colocado
membrillos
en todos los armarios,
entre la ropa,
entre los collares de piedras
verdosas
y al lado de los camisones
de mujer casada.

He mordido uno
y he guardado el trocito
entre los dientes.

Cuando llegue
le daré un beso perfumado
y él me llevará a la cama,
emulando los cuentos orientales
que tanto le gustan.



A veces, en la vida, convertirse en Sherezade, es un intento, quizás vano, pero como otro cualquiera, para intentar remontar algunas de esas mil y una noches del camino. A veces, en la vida...
Hoy toca desasosiegos.
Ansias.

Del poemario Pronto será oro el membrillero.

jueves, 15 de enero de 2015

De ansias y sosiegos. Día 16.

16. Desde Villa Favorita.


-Cancela todos tus compromisos que mañana nos vamos al pueblo.
Así, de sopetón, me comunica mi marido que, al día siguiente, mis planes no tenían cabida en los suyos.
Estábamos ya en la cama. Él con los ojos cerraditos y yo leyendo lo último de Javier Marías, "Así empieza lo malo".
Y fíjate, las coincidencias, así empiezan los disgustos en un matrimonio.
Por pequeñas diferencias de cómo encarar el día.
Le puse mil excusas: tengo que asistir a una conferencia sobre la mujer, tengo una comida, he quedado para desayunar con un poeta, me duelen las rodillas, no tengo ganas...
-Mañana nos vamos al pueblo. 
Y comenzó a roncar suavemente.
Punto final.
Y heme aquí, en el pueblo, en mi Villa Favorita.
Desayunando en la plaza señorial y única de Villanueva de los Infantes, con la Iglesia de San Andrés frente a mi y con una balconada única en el mundo rodeándome.
Con las campanadas que, en este momento, me están erizando la piel y con mi perro olisqueando el verano entre las piedras de la calle Cervantes.

Cuando vengo aquí, como ya dejé plasmado en un escrito que tuvieron a bien publicar en el periódico local, el "Balcón de Infantes", es para respirar a Quevedo y caminar a Sancho, para sentir la piedra y esconderme entre columnas, bajo blasones y portadas platerescas.
Es para escribir a destajo en mi cuaderno especial y para citarme con amigas entrañables, artistas como Luisa o Julia; visitar la maravillosa biblioteca y detenerme unos instantes a hojear el libro en medio del patio de la Alhóndiga, apoyada en una de sus orondas columnas; es escuchar el susurro de sus calles; es acariciar la forja de sus ventanas y atisbar por sus portones entreabiertos la majestuosidad de los patios.

No se lo digo a mi marido, pero me ha gustado el cambio de planes.
Y aquí estoy "retirada en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivir en conversación con los difuntos y escuchar con sus ojos a los muertos".
Os deseo un viernes inolvidable.

(Escrito desde Villa Favorita, mi refugio aquí, en Villanueva de los Infantes)

De ansias y sosiegos. Las tardes del Ritz.

15. De insomnios, huidas, tés y bergamota.


Llevo desde primeros de año con el insonmio haciendo guardia al pie de mi cama, mirándome con unos ojos saltones y fijos. Un asco.
Todavía eran las 6.30 h. de la mañana cuando ya subía, resoplando, los trece pisos de mi mansión. Una media hora antes me había calzado las zapatillas de huir y me había lanzado a la calle para espantar fantasmas, para intentar ubicarme.
Ducha rápida, algo de Raphael, hago la cama y bajo al perro. Lo normal.
No me acordaba para  nada de mi cita.
Pero mi amigo, además de nuevo rico, tiene memoria. Y palabra.
Me llama.
Que me pasa a recoger a las 5 de la tarde para ir a tomar el té en el Ritz, como le pedí.
Vale, pero si era una broma, no te molestes, intenté disculparme. Pero estaba deseando ir. No insistí. Él insistió.
Y fuimos.
Tomé un Earl Grey porque me gustó cómo suena la palabra bergamota. Él tomó un Jasmine. El lobby bar del hotel abarrotado, brillante.  No fue música de arpa la que nos envolvió. Fue una melodía de piano. Me pareció bien. Tampoco hay que ser exigentes.
Los scones, divinos. Y calentitos.
Y esas confituras!






Yo no soy de abusar, la verdad, pero como me percaté que admiten perros, cómo no, con ese charme que derrochan, tan avanzados ellos, dejé caer a mi amigo que un brunch cualquier domingo con mi Haro estaría de lujo, nunca mejor dicho.
No sé por qué, pero me pareció abstraído, como ausente.
No es mi amigo muy entusiasta de las mascotas.
No se puede tener todo.

Pero yo...
"Aunque cien años llegara a vivir, no olvidaré mi tarde del Ritz".

Je suis très heureux!

martes, 13 de enero de 2015

De ansias y sosiegos. Para Laly.

14. Pronto será oro el membrillero.


"Han pasado ya muchos años de la muerte de mi amiga.
Una tarde, con motivo de mi cumpleaños, nos citamos en una cafetería y me regaló un libro con una dedicatoria: "Cuando vuelvas a leer este libro, dentro de diez años, quizá no estaremos pasando esta mala racha. Con cariño, Laly".



Murió meses después.
Un día recibí una llamada de su hermana para entregarme un paquete.
Dentro, dos pequeños cuadernos de tapas azules.
Con su historia, con parte de una historia que yo conocía, con un año de su vida que la demoró. A ella, tan veloz.
Hoy, revisando y colocando recuerdos, los he vuelto a ver.
Y os hago cómplices de su contenido, obviando, según mi criterio, algunos pasajes que creo desnudan demasiado su intimidad de aquel momento, algunos pasajes en los que, doblegada por el desconcierto y la enfermedad, creedme, no era ella".

Así comienza el poemario "Pronto será oro el membrillero" donde los poemas contenidos en esos cuadernos, se mezclan con las vivencias que compartí con ella. Parte de nuestras vidas que se imbrican, se amalgaman, se funden y componen un hermoso recuerdo, una deuda pendiente, una botella lanzada hacia atrás.

Afuera existe el mundo.
Aquí sólo está el silencio.
Se ovilla entre mis piernas
y asciende a la boca caliente
y seca.
Y calla.
Siempre calla.
El silencio calla
tozudo y fiero,
necio,
plomizo.
Afuera es.
Aquí sólo el no.
La nada.
Silencio.


Mi amiga murió y parte de su alma herida voló a Nueva York, allí viajaré en breve, para respirarla, para contarle, para que me cuente.


Ya lo vislumbro,

por aquella hendidura
en lejanía cada vez
más cercana.
Ya palpo un silencio
que no reconozco.
Llegó, llegó.




(Para mi querida amiga Laly, in memoriam).

De ansias y sosiegos. Trezidavomartiofobia.

13.  Martes y trece.


"Ni te cases ni te embarques" es uno de los refranes que maldicen a esta fecha del calendario. Ya ves, la pobre.
En otras culturas "el malo" es el viernes 13, en Italia creo que es el viernes 17.
Superstición, castración, ganas de restar en lugar de decantarse por sumar.
Cosa de pobres, que tenemos de todo: miedos, honor, orgullo, prohibiciones, temores, honra, mal de ojo ...



-No dejes el bolso en el suelo que se te va el dinero.
-Cuidado con sal, no se derrame.
-Ay!, un gato negro.
-Que no se rompa el espejo.
-No pongas el sombrero encima de la cama.
-No abras el paraguas dentro de casa.


La fobia al martes 13 se llama trezidavomartiofobia y parece ser que, en esa fecha, se produjo la traumática  caída de Constantinopla en 1453, lo que la convirtió en «maldita».
Incluso se aventura que la confusión de lenguas en la Torre de Babel se produjo un martes 13.

La fobia al número 13 se llama triscaidecafobia y lo achacan a que 13 eran los comensales en la Última Cena de Jesucristo, 13 los espíritus malignos según la cábala judía y es, en el capítulo 13 del «Apocalipsis», en el que llega el Anticristo.
Bobadas, ganas de marear la perdiz.

Me calzo las zapatillas de huir y, tras comprobar que llevo mi pata de conejo, colocar la herradura que tengo detrás de la puerta y tocar madera, salgo de casa con el pie derecho. Mientras espero al ascensor cruzo los dedos, no por nada, pero es que, creo que ya os lo he dicho, vivo en el piso 13.

Pero yo no soy supersticiosa. No padezco de triscaidecafobia.
Ni de ná.
Aunque...
Que no os pase ná.

lunes, 12 de enero de 2015

De ansias y sosiegos. Nota informativa.

12. He hecho una promesa.


Bueno no es una promesa exactamente.
Ocurrió así: El primer día del año, como ya os he contado, salí a correr. Tenía una trenza de sentimientos contradictorios que se deslizaba por mi espalda, dándome golpecitos sibilinos y traidores.
Me entraron las ansias.
Los desasosiegos. 



Y me lancé a la carrera por los parques que rodean mi casa para despejar dudas y acallar ruidos de conciencias añejas.
Y así, en movimiento, resoplando, me propuse acabar los cuadros empezados; leer aún más, si es que consigo alargar el tiempo o distribuirlo de manera diferente; visitar esos lugares que voy posponiendo, (como si pudiera de verdad alargar el tiempo que me queda); escuchar más.
Hablar menos.
Montar más a caballo.
Continuar con mis clases y talleres aún más ilusionada. La poesía.
Enseñar.
Aprender.




Y fíjate, entre estos pensamientos tan racionales y coherentes, va y se me cuela uno totalmente falto de cabeza, sin pies:
"Voy a escribir una entrada diaria en el blog durante todo este año".
365 veces. Todos los días.

Tampoco me pareció nada del otro mundo. Llegué a casa, como siempre, sin tener paciencia para esperar el ascensor, cogí un calendario que me habían dado de más en el banco y redacté la primera entrada.
Y taché ya el número 1. Chupao.
Lo he llevado en silencio durante 11 días. He escrito algo y he seguido bordando aspitas en el almanaque.
Hoy es la entrada nº 12.
Y al hojear la docena de hojitas del año, una a una, mes a mes, se me ha caído el mundo encima. 
Pero en qué estaba pensando? Vaya maratón que me espera. Qué necesidad!
Pero sabéis? Voy a continuar. Lo voy a intentar. Eso sí, con vuestra ayuda.
Con vuestra compañía en el recorrido.
Con vuestros mueblecitos de ideas, para equipar la casa.
Con vuestro apoyo en el camino, para intentar llegar a la meta.
Con vuestros comentarios para no abandonar y verlo alimentado y gordote.
Así que, ahí va el pespunte número 12, (en mi vida me he visto en tal aprieto... burla, burlando).
Ya queda menos.
Casi nada.
Sin ansias.
Con sosiego.


Y, ya sabéis, se admiten apuestas. Se admiten ideas. Mi casa es la vuestra.
Con sosiego.
Sin ansias.
¿Qué hacemos mañana?
Dime.