sábado, 12 de abril de 2014

Principiando el sábado.






7,45 h. de la mañana.
Encima de la mesa de mi estudio un café, una rosquilla (hija única), un poemario de Gil de Biedma: "A qué vienes ahora, juventud, encanto descarado de la vida"; acabando "La gente de July" de la Gordimer; releyendo algunos pasajes olvidados de "El hombre que fue jueves" del Chesterton y anotando, según se me va encendiendo la bombilla, algunas ideas.

10,37 h. de la mañana. 
La cabeza como un bombo. Me planto un vaquero y le hago a mi perro una señal para formalizar el paseo. Mueve el rabillo y sonríe. Es feliz. Y no ha leído "Pandémica y celeste".
Es mi héroe!!!

viernes, 11 de abril de 2014

Mi encuentro con Leonardo Da Vinci.



Imagen tomada de la red.



Un viaje por los castillos del Loira.
Un viaje a ninguna parte.
Un viaje para ver nada.
El cuerpo no acompañaba,
se arrastraba detrás como cansino,
como descreído.
En el de Amboise,
al entrar en la capilla de Saint-Hubert,
mis ojos ya veían.
Mis manos se adecuaban a todos los contornos.
Sentí un frío que no era
el de mi dolencia.
Ya no está aquí- dijeron-
robaron su cuerpo.
Recorrimos andando
la distancia hasta el castillo de Clos-Lucé,
tu casa.

Todos entraron,
yo no.
Me detuve a merodear
los toscanos jardines de tu villa.
Sentí tus ganas de volar.
Alcé la mirada a las ventanas
disfrutando de la belleza del conjunto,
y allí estabas,
con un gran libro en tu mano izquierda,
la derecha vacilante,
quizá pretendiendo apartar la cortinas,
quizá cobijándote de mi presencia.
Percibí un ligero temblor en tus largas barbas,
se cimbreó el gabán y te ocultaste
por el mismo ángulo de la ventana
por el que habías aparecido.

Todos habían entrado,
yo no.

Y tuve tu reconocimiento.

Me fui enseguida, despacio,
salí y entorné el portón,
dejé la mano donde tú la pondrías
 y te imaginé allí arriba,
 escondido.
Caminé mucho tiempo por tus calles,
cansada, me recosté en uno de los costados
del castillo, alguna campana sonó en algún cielo
y, en aquel momento, pasó un ángel.

Yo he guardado el secreto.
Tú me recuerdas?


Miércoles 12 de Marzo de 2008. 
Leonardo se asomó a su ventana. Yo le ví.
Volveré, le prometí.
Ya pronto.


domingo, 6 de abril de 2014

Romance antiguo.




Imagen tomada de la red.


Yo me acerqué hasta tu vera
con miedo ¿porqué negarlo?
tenías entre la boca
las huellas de un desengaño,
las manos desorientadas
y en los ojos treinta años.
Yo me acerqué despacito,
el corazón galopando
y en el libro que llevaba
tres poemas subrayados,
tres poemas que explicaban
el deseo de una mano,
tres poemas que escribí
una tarde, algún verano,
a la sombra del almendro
y con un peso en los labios.
Casi veinte primaveras
llevaba, imaginando,
desdibujando las noches
con nuestros cuerpos bordados,
entre desvelos fingidos,
entre amaneceres largos.
Quien espera desespera,
 no pensaba demorarlo:
-vente conmigo- te dije,
mira el viento perfumado,
huele la luna y la seda
de nuestro amor embozado
y sonríe al horizonte
y a los tiempos marchitados.
´
La cosa no pudo ser,
ya llevamos muchos daños
de amor y días vencidos.
Fue un sueño deslavazado,
un fuego fatuo, un dolor,
espejismos refractados.

Deja que te lea un verso…
yo tenía veinte años.



(Los dos primeros versos tomados del romance de Rafael de León)

sábado, 5 de abril de 2014

Sonetillo.





Imagen tomada de la red.



Amores
reglados,
parados,
mortales.

Fatales
regalos,
quebrados
fractales.

Ogaño
desprecios,
engaños.

Antaño,
soberbios
soñamos.

Soneto antiguo.





Imagen tomada de la red.



Hoy vuelvo a la pena que me espera
escondida detrás de cada esquina,
se han perdido otra vez las golondrinas
porque no pueden oler la primavera.

Hoy vuelvo a mirar de mil maneras
aquel mar de oleajes y de espinas,
entrever que su fuerza ya declina
en sutil y apacible torrentera.

Qué taimada destreza para herirme
con tus ojos de orate enamorado
que mentía aunque no quería mentirme.

Te recuerdo como gato extraviado,
¿qué miedos no te atreves a decirme,
amor antiguo, amor, si estás salvado?



viernes, 4 de abril de 2014

Soneto antiguo.


Me dijiste que me fuera y ya me he ido,
que no quiero que por mí vistas tristeza,
que finjas, si me ves, falsa extrañeza,
lo nuestro era, lo sé, un sin sentido.

En este juego desigual  yo no he perdido,
tu vida terminó, la mía empieza
con el recuerdo de aquel amor y la belleza
que te di de beber y no has bebido.

Sediento, rememoras el pasado,
yo sin sed, porque bebí con desmesura
y te amé como nunca te han amado.

Te llevaré enredado en mi cintura
y,  aunque sé que estuviste enamorado,
elegiste  el pedestal a la escultura.

Soneto antiguo.

Déjame recordarte mansamente,
con el mar de mi cuerpo sosegado,
el dolor dormitando en mi costado,
la mirada perdida, indiferente.

Las tinieblas han bajado de repente
su gris telón, la función ha terminado:
ya no tengo ni futuro, ni pasado,
como una enamorada adolescente.

Cual si fuera un okupa desalmado,
al invierno ya lo tengo de inquilino,
¡vive Dios!, hasta el día de mi muerte.

Por mis venas corre agua de la fuente,
por mis ojos pasa el tiempo muy deprisa,
pero la paz llegará... soy muy valiente.