jueves, 30 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. Entrando en Mayo.

121. A Villa Favorita. Uno.




    ¿Haro, dejamos la poesía, el relato ese que tenemos a medias, dejamos el dibujo y la alfombra que estamos tejiendo en las noches límpias, y nos vamos al refugio?
     ¿Haro, hacemos un alto en el cabalgar diario y nos detenemos para suspirar, lento y profundo, mientras miramos?
     ¿Nos vamos, Haro, hermoso?
     ¿Nos escapamos un poco?
     ¿Nos alejamos de los minutos oscuros y de los rincones tenebrosos?
  
   ¿Dices que sí?
     Pues vamos.

    Pero quítate esa sudadera, cariño, que te vas a cocer. ¿No ves qué mañana repleta de sol? ¿No notas el calor de la huida?




Ése tampoco, amor, que no vamos a jugar al rugby.



     Tampoco es para ponerse de tiros largos, mi vida, ¡con corbata y todo!
     
 Que vamos al campo, rey, a caminar la calma, a abrazar la encina y el olivo, a besar con la sonrisa las paredes encaladas del pueblo, a dormitar en nuestro rincón de pensar, a traernos entre los dedos un aire diferente y azul. A encontrarnos.


    
 Ahora sí, cielete, así, a pelo, sin artificio, con esa luz en tus ojos, con esa entrega, con la impaciencia del ansia.
     Vamos, Haro, vamos.
     Con las manos abiertas.


http://pardocastroeloisa.blogspot.com.es/2015/01/de-ansias-y-sosiegos-dia-16.html


(A Villanueva de los Infantes, para regalarnos un oasis de paz cuando hiciere falta y, como Quevedo, "retirarnos a la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivir en conversación con los difuntos y escuchar con sus ojos a los muertos").

Y recordad que os quiero.

De ansias y sosiegos. Hoy tenemos música.

120. Edith  Piaf. Je ne regrette rien.


   Esta mañana, al descender de la cama, es esta canción la que me buscaba, revoloteando, entre los dientes y la lengua ambiciosa.

   Pero no me he dejado engañar por las ansias. He sabido esperar.
   Primero el paseo. Haro y yo, por los jardines de edén de mi ciudad furtiva. Hollando la alfombra verde de los caminos perdidos.
   A la vuelta, mordiendo la manzana del pecado, escucho la canción.
  Y doy algunas vueltas desmadejadas entre torres de libros y cuadernos inacabados.
  Escucha. Disfruta conmigo.


https://www.youtube.com/watch?v=JKPvx38D4GM



Fui a París a visitarla, a su tumba, en el cementerio Père Lachaise.



Môme Piaf, 1915-1963.

He dejado de bailar.

He acabado la manzana.
Me anudo el sosiego a la cintura.
No, no me arrepiento de nada.

miércoles, 29 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. De poema y jazmines.

119. Ayúdame a mirar.


                                                                      “Hay días que con la esperanza no me alcanza”.
(Gloria Fuertes)



El olor de los jazmines 
es intenso en la nostalgia
y el color de la amapola
me consuela en el dolor.
Las hojas del árbol cercano
me susurran soledades
y el viento me envuelve
como un amante solícito.

Y vendrán otros días
a besarme en los labios
y acudirán las mañanas
a posarse en mi piel
y la lluvia anhelada
volverá a regalarme
y en las manos abiertas
me despertará la nieve.



Último miércoles de Abril.
Aférrate a él, zarandéale, abrázale por las esquinas.
Antes de que se vaya.

lunes, 27 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. Romería de San Marcos.

118. De juncias, tomillo y romero.



    El sábado 25 de Abril nos fuimos de romería. A la localidad toledana de Méntrida.
    Siguiendo una tradición ancestral, se celebra allí la romería de San Marcos, aunque no es el santo evangelista el que llevan en procesión los mentridanos, sino una imagen de la Virgen de la Natividad.



    La llevan desde la Iglesia hasta el Monte Berciana, que fue donde, supuestamente, se apareció a un pastor. Allí se celebra, en una pequeña ermita, una misa y después del reparto de "la caridad", unos panecillos con la imagen de la Virgen, unos niños danzantes, con un traje original y vistoso, bailan entre el sonido de la música y las puntillas de sus enaguas.


   Con el aperitivo, los paseos a través de las atracciones de la feria y los saludos a conocidos, llega la hora de la comida. Y la paella se crece lentamente, con el calor de los sarmientos y las miradas lascivas del hambre compartida.


Cafés, chupitos de hierbas reparadoras. Charlas distendidas y eternas.


     El olor a juncias, tomillo, lavanda y romero se expandía desde los arcos que jalonaban todo el paseo y las calles del pueblo. Luego pasaría la comitiva con la Virgen bajo ese palio natural y aromático.

     Y cuando la tarde se vencía al empuje insistente de la noche y la lluvia, recogimos las mesas, las sillas y los restos de las viandas y nos refugiamos en el coche, que, resignado o con alivio enfiló el camino de vuelta a casa.
    Al llegar, guardamos los panecillos en la parte inalcanzable de la despensa, a la espera del relevo de la caridad del año que viene. A la espera. Siempre a la espera de algo.
    De todo. De más.
    Ahora ya es noche cerrada, el lubricán hace rato que dio la vuelta a la esquina del último bloque.
    Yo, con una copa de vino tinto de Méntrida, me despido de la experiencia, de la jornada, de los amigos dispuestos y del día, ya caduco, del almanaque.
    Haro, me acompaña, adormilado, entre los cojines antiguos de la mecedora verde. 

De ansias y sosiegos. Susurrando a los caballos.

117. Domingo de lluvia, guitarra y caballos.


Cepillando a Rey Fad.
     No acompañó el día para que, un grupo de enamorados de los caballos, nos regalaran una exhibición para la que se habían preparado concienzudamente.
     Llovía, llovía con descaro y furia. Una lluvia insolente y silenciosa, que insistía tenaz, como si, en realidad, nos hiciera un favor a todos los que, al amparo de una estupenda chimenea, nos consolábamos con exquisitos bocadillos y cervezas fresquitas. Mirando hacia el cielo, al campo, al redondel perfecto de horizonte donde las pistas del desfile se adivinaban renuentes al acomodo de los caballos y jinetes.
  Montando a Señorito.

 Cepillamos a Señorito, a Rey Fad, a Tango, a Humo; recogieron sus crines en unas trenzas apretadas y brillantes, les dimos premios anticipados.
    Pero la lluvia no estaba dispuesta a despedirse.
    Y los caballos no pudieron ejecutar su marcha, el baile armónico para el que tanto habían ensayado.

Cuánto tiempo sin vernos, me decía.

     Pero no logró la inclemencia vencer la alegría de los que esperaban.

   Eduardo Palencia, se acomodó en un rincón del salón y con su voz agradable y penetrante, su música apasionada y melódica, invitaba a todos a seguirle, bailando al son de rumbas y sevillanas.
    Eduardo es un cantautor y artista, dueño poético de las Marismas, del Rocio y creador de unas letras que evocan todas las sensaciones.


Secretos que el campo otorga,

a quienes nacen camperos..

Siempre llevo en mis alforjas,

quemadas de sol y fuego..



Secretos que hacen que suene,

tu nombre cuando es el viento,

tu risa cuando es el agua,

de algún arroyito fresco...



Tu imagen puede ser nube,

y yo volar a tu encuentro.

Secretos que el campo otorga,

si tiempo le das al tiempo... 

http://eduardopalencia2015.blogspot.com.es/

Con Tango.

    Se pospuso el evento para tiempos más luminosos, más brillantes, más hermosos, como el cuerpo de los magníficos ejemplares que se quedaron allí, en el  Centro Hípico  Garrocha de Valdemorillo, esperando la mano amiga que les acaricie, les den palmadas de orgullo en el lomo y les susurre tras la oreja lo soberbio de su porte y su nobleza.

    Os prometo volver pronto, Señorito, Rey Fad, mis caballos españoles, pura raza. Pura vida.
   Y saldremos a galopar por las encinas, por la espalda del monte, bajo las nubes, hacia la linea azul del horizonte.
   Seguía lloviendo.
   Ya era tarde derrotada y seguía lloviendo, tras las risas.

sábado, 25 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. El secreto de mi madre.

116. El moral.
Volví a casa por Navidad.
Tras dos años trabajando en Ámsterdam ya me apetecía oler el aroma del jardín de la casa de mi madre, sentir la suavidad de sus sábanas y el gusto de sus guisos.
Mi hermano me había avisado que no se encontraba bien, que había empeorado bastante desde la última vez que la vi, aunque por teléfono, en nuestras largas conversaciones, ella disfrazara sus cuitas con el engaño de la risa.
Empujé la puertecita verde de madera antigua y me sorprendió el caos del jardín. El moral, siempre el moral.
—Mamá—me anuncié. Y la vi esperándome tras la mosquitera de la puerta de entrada.
Mi hermano tenía razón.
        —Mamá cuando vas a querer deshacerte del árbol, es tan sucio y te da tanto trabajo.
        —Calla y entra hija.
Y me besó.
Después de instalarme y cuando estábamos recogiendo la cocina, insistí.
        —El árbol no se toca—, dijo con la firmeza de otras veces. Lo plantó tu bisabuelo, me gustan las moras, me ofrece buena sombra y no da tanto trabajo como crees.
—Pero mamá, el suelo está siempre lleno de manchas y de hojas, y tu espalda…
        —Hija, cuéntame, ¿vienes para mucho tiempo?— Venga, vamos a ver a tu hermano, Laura está apunto de dar a luz y estamos todos muy nerviosos.
Y ahí acababa la discusión.
Pasaron las fiestas, nació Alberto, me convertí en tía y mi madre en abuela y a mi hermano y a mí nos enternecía verla con el bebé en brazos contándole historias pasadas.
Le hablaba de nuestra infancia, del pueblo, de nuestro padre, de lo bueno y trabajador que era y de la pena que supuso su inesperada desaparición, le hablaba del mar…
Mi hermano y yo nos mirábamos y se nos dibujaba en la cara una sonrisa condescendiente y escéptica. ¿Es posible que no recordara las palizas, las borracheras, las ausencias de meses, las patadas?
Nunca habíamos hablado de ello desde que desapareció aquel día lluvioso de últimos de Noviembre, nunca, pero nosotros habíamos visto a nuestra madre desfallecer, flojear con el trabajo, con las secuelas de los malos tratos, con la pena tragada y asumida.
Mi madre murió a mediados de Marzo, perdió las fuerzas y la razón y nos parecía, de repente, una niña frágil y desorientada.
La tarde de su muerte se aferró al brazo de mi hermano y con los ojos fijos en la lejanía y secándose una lágrima inútil con la huesuda mano, musitó con cierta obstinación: —No, el moral no se corta, el moral no. Es mío.

Hace ya una eternidad, me parece, que mi hermano, a la vuelta del cementerio, ciego de dolor y sin respetar el deseo de mi madre, comenzó a levantar las raíces del árbol. Escarbaba con cólera y rabia. Yo me fui a esconder mis lágrimas en la pequeña cocina, hasta que apareció en la puerta instantes después: —Ven, tienes que ver esto.
Reconocimos los restos de una vieja colcha floreada, reconocimos una chaqueta de pana de color desvaído, un zapato, algunos huesos, una piedra.      Recordamos, de repente, aquella noche de lluvia, gritos, miedo y aquel silencio prolongado.

No vendimos la casa. Venimos de vez en cuando. A la vuelta de mis viajes celebramos, bajo el moral, alguna comida con mi hermano y su familia. Ya tienen tres niños.

El moral nos regala una buena sombra, dulces moras y se levanta, contundente y silencioso, guardando el frescor del pequeño patio y el secreto eterno y lejano de nuestra madre.


Que la lluvia de este domingo os empeñe los ojos de sueños.

Y que se realicen.
Os quiero.








viernes, 24 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. Encuentro poético. Gente guapa.

115. V Muestra de poesía de autor en mi Casa.


     Ayer fue un día de anotar en el diario.

     Una tarde de ésas que estás preparando desde que te despiertas por la mañana. Que te producen desazón, gozo, algo de inquietud.
Y responsabilidad.
    Que deseas que tengan un color fucsia, o azul turquesa y que huelan a chicle o a libro antiguo.
   Que no acaben nunca y que pasen pronto.
   En la sede cultural de Castilla- La Mancha hubo amistad, fidelidad, alegría, ganas de agradar y buen rollo.
    Celebramos la V Muestra de poesía de autor, una cooperación literaria entre la casa cultural castellano manchega y la Universidad Popular de Leganés.
   Unidas para incentivar la poesía y la cercanía.
   Y nos quedó así de bonita:

Al comienzo. Andrés Fernández, responsable de la U.P.L. y yo.

El poeta, amigo indispensable y experto en dedicatorias, Andrés García, recitando su antilipograma.


Representantes de los diferentes partidos políticos y el presidente de la sede, D. José María Arriero.


Carmela Sánchez, una buena recitadora y una excelente mujer.

María Banegas, amiga, escritora... siempre está ahí.


Atentos y cercanos los representantes de los partidos políticos de la ciudad de Leganés.

Los excelentes aperitivos que prepararon, para el final del evento, los responsables de la directiva.

Clara Ceballos, elegante, todo amor y sensibilidad.

Parte del decorado: Mensajes en una botella y Arte postal. Elaborados por los componentes de las clases de todo de la Casa y del taller de escritura creativa.

Toñy Gaytán, con unas creaciones que dejaron asombrados y divertidos a los asistentes.

María Jiménez y sus sueños. Plácida y tranquila.

Hilario Valero, trovador confuso y alegre. Informático y pintor.


Nuestro amigo e invitado de honor, Santiago Gómez Valverde, poeta de Leganés y del mundo.

Elvira de la Osa con el poeta y actor Rafa Dedi. Un poema y una flor.

   Estas imágenes son sólo parte de los participantes del encuentro poético. El salón de actos de la Sede Castellano Manchega se llenó de amigos, autoridades, socios y simpatizantes. De ganas.
   
   Luego, con los versos recogidos en las esquinas de las risas, nos tomamos unos aperitivos convenientemente preparados por los hombres de la directiva: D. Mariano Martín, D. Manuel Arroyo, D. Tiburcio Díaz y D. Manuel García.
      D. Antonio Villajos, se ocupó de la música que acompañaba el encuentro.
      Y Beatriz Ruíz,  guapa y simpática, como siempre, al frente del bar.

     Desde aquí, gracias a todos, los que llegaron a la casa para acompañarnos y a los de la casa por hacerlo posible y bonito.
         
         Ayer fue un día de anotar en el diario.

De ansias y sosiegos. Locura de amor.

114. Un verano. Una noche. Una pasión.



La llamaban La Chata.
No hacía referencia el mote a su persona.
Le venía heredado de sus mayores.
Se fue una temporada a la capital y regresó con una hija.
Desde entonces vivió algo recluida y escarniada, con miradas oblicuas, en cuanto pisaba las calles.
Un día llegó al pueblo un grupo de hombres para trabajar el verano.
Y la Chata se enamoró de uno de ellos, cuando se encontraron una tarde en la fuente de piedra de la plaza.
Y se veían a diario, cuando las primeras sombras de la noche encubrían sus ansias.
Dicen que ella le propuso quedarse y formalizar la relación.
Dicen que a él, la niña, algo retrasada  y un poco huraña, le refrenaba  el ánimo.
Cuentan que la Chata estaba loca por el hombre.

     Y, las mujeres del pueblo, se santiguan, cuando recuerdan la tarde que vieron alejarse por el camino de las huertas a  madre e hija y cómo volvió la Chata,  con la mirada huida y los bajos de su falda culpables de sangre.

Imagen tomada de la red.

Amigos, que vuestras pasiones se deslicen por toboganes más sosegados.

Os deseo un viernes de catálogo.




jueves, 23 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. Cuento de Nasrudin.

113. Un mini cuento. Un aperitivo.



     Con las zapatillas de huir y mi perro, recién bañado, nos hemos lanzado al descubrimiento de algún parque cercano que se nos haya pasado desapercibido. A investigar.

      A acumular paraísos.
    Hemos vuelto, una hora después, con la boca llena de golondrinas y rumor de hojas. Con la mochila vacía de indolencias. Con las manos sucias de recoger piedras redonditas y cristalitos de colores.
    Y ahora, con un café en la mano, me pide el cuerpo escribir un poema. 
    Mañana os lo recito, aupada en la amistad.
    Hoy, os dejo un cuentito breve. Una alegoría. Una breviatura.
    A ver si os gusta:


    

   "¡He perdido la mula, he perdido la mula, estoy desesperado, ya no puedo seguir así. No puedo vivir si no encuentro mi mula!
     Así lloriqueaba Nasrudín, recorriendo el pueblo buscando su mula perdida.
     -Aquel que encuentre mi mula- repetía,- va a recibir como recompensa... mi mula.
    Y la gente le decía:
    -Estás loco, has enloquecido, ¿perdiste la mula y vas a ofrecer como recompensa tu propia mula?
    A lo que él respondía:
    -Sí, porque a mí me molesta no tenerla, pero mucho más me molesta haberla perdido".



Que la vida os acaricie, tibia y prometedora, la espalda desnuda.
Que seáis felices.

miércoles, 22 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. Soy.

112. Ciento volando.




Soy aquella chica
de vaqueros desgastados,
de trenzas arriesgadas,
eternamente ocupados los brazos
de libros subrayados con urgencia
y un noviete detrás,
resignado y paciente.

Soy aquella muchacha
ansiosa y alocada,
que bajaba escaleras sin peldaños,
de semanas desdentadas,
de tartas sin velas
y futuros sin preámbulos.

Soy aquella mujer
que ya era,

soy incesante reloj,
ciento volando.


incesante reloj... ciento volando.


(Del poemario inédito La rosa de los vientos).

Vamos a comernos este miércoles loco.
Vamos a arrancarle la piel, a dentelladas. 
Y que os quiero.

martes, 21 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. El bufé en el jardin.

111. La vida, Haro. 
“Que siendo el vivir lo más,
 todo lo demás es menos”.
(Calderón de la Barca)

 Haro escucha:
“La vida es como un bufé desplegado en medio de un jardín, en él se dispone todo tipo de manjares fríos y calientes y es preciso elegir. Saber primero qué es lo que nos apetece y tomarlo, o dejar que sean los platos los que despierten nuestro apetito. Sin embargo, hay muchas personas que se satisfacen con mirar el jardín y recrearse en él, hasta tal punto que, cuando sienten hambre, el bufé ya ha sido retirado. Hay otras que dudan demasiado de qué platos servirse y, cuando no les queda tiempo, han de engullir el que tienen más cerca. Hay otras que se preparan meticulosamente, se asean, buscan la mesa a que llevarse su comida y acaso también algunos compañeros, y van perdiendo su oportunidad… la vida consiste en un banquete del que la mayoría se priva; la vida es un tesoro -el único- que no llegamos a poseer a fuerza de andarnos por las ramas.
Hay que estar en el jardín a la hora del bufé, que es siempre ésta.
No hay que evocar jardines y bufés ya pasados, ni abandonarse a  los que nos traerá el día de mañana, ni comparar los nuestros con los de otros”...
“Porque estamos obligados a participar en el juego que llamamos vida, cuyo reglamento no conocemos en sus nimios detalles, pero que en modo alguno depende de nosotros. Ella reparte las cartas: el mazo entero es suyo. Y cada uno ha de jugar lo mejor que sepa con los naipes que le toquen. Inútil es lamentarse; inútil es perder el turno reclamando; inútil es tratar de jugar no con las cartas que le repartieron, sino con las que uno habría querido tener, o soñó tener, u opina que debieron ser las suyas.
Ese es el procedimiento más rápido de perder la partida, o sea, de perderse. La opción que se nos brinda no es si queremos jugar o no, no si preferimos unas cartas a otras. Tenemos  que jugar; la libertad reside en cómo: eso sí que depende de nosotros”.




¿Cómo se te ha quedado el cuerpo, Haro?
Esta mañana me he sentado a escribir algo parecido, quería explicarte la vida, hablarte sobre el Carpe Diem, del afán de encontrarse uno mismo, en fin, me apetecía filosofar un poco. Y al mirar a la estantería donde se acumulan tantos y tantos libros, papeles, apuntes, recortes que me parecieron interesantes en algún momento y que me niego a tirar, proyectos… No me mires así coño, ya haré sábado un día de éstos, no incordies con tus miraditas de reprobación.
Pues te decía que, al mirar allí, distraídamente, para encontrar la palabra justa con que comenzar mi perorata, me he acordado de un artículo antiguo de Antonio Gala que publicó en El País y que trataba sobre el mismo tema.
No he tardado mucho en encontrarlo, a pesar de tu cara de escepticismo, esperpento; mira, se titula “El bufé en el jardín” y cuenta perfectamente todo lo que yo quería explicarte.
El artículo es más extenso, pero he entresacado algunos párrafos y creo que la idea está bastante clara; quizá yo lo hubiera expuesto mejor, no lo dudes, pero hace mucho calor, Haro,  y no tengo ganas de trabajar. 
Haro ante su mesa.

Tú sólo aplícate el cuento amigo: no desperdicies, no aplaces, no desdeñes, recuerda siempre que siendo el vivir lo más…

(Del libro de relatos Haro y yo)
Feliz martes abrileño.



lunes, 20 de abril de 2015

De ansias y sosiegos. La Laguna negra.

110. Su ultima oportunidad.

El baile pueblerino de Picasso.

      Dentro de quince días será su cumpleaños. Cuarenta y ocho, aunque ya se ocupa ella de quitarse media docena, cuando le pregunta algún baboso de ésos que bailan ahora por el salón de actos del Ayuntamiento del pueblo, metiendo la barriga y distribuyendo, por las cuatro esquinas del local, el espantoso aroma de su perfume barato.
    Contempla a Adelaida, bailando apretada con el único hombre que merece la pena de ese grupo de granjeros que buscan mujer entre las que han llegado esta mañana, temprano, al centro de la plaza. Caravana de mujeres llegadas desde el sur, para buscar pareja. La media naranja.
    Y ésta es su última oportunidad. Ya le había echado el ojo a aquel hombre, se había informado, era el más rico del pueblo y no estaba mal, dentro del panorama reinante.
    Pero Adelaida lo había acaparado y seguía exhibiendo sus tetas, convenientemente alzadas y comprimidas, como un balconcillo de baratijas, que hipnotizaba irremediablemente a los hombres.
   Adelaida, su vecina del pequeño pueblo de Jaén, la que le robó a su primer amor, se casó con él y tuvo aquellos hijos que debieron ser suyos. La que se acostó junto a él cada noche durante veinte años, hasta que se quedó viuda.
   Y ahora, ahí estaba otra vez.
   Ni medio año le había durado la pena.
   Pero ésta era su última oportunidad.
   Cerca del anochecer, después del baile, le pediría que la acompañara a tomar el aire, para aliviar una repentina jaqueca. Pasearían, alejándose un poco del centro.
   No estaban lejos de aquella laguna negra que circundaba el pueblo.
   No sería difícil.
   Ésta era su última oportunidad.
   Y no iba a permitir que la historia se repitiera.



Os deseo a todos que disfrutéis de este lunes de Abril.
Es vuestra última oportunidad.