martes, 31 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Vértigos, vértigo, vértigos.

90. Maktub y Albert Hammond.


   "Una antigua leyenda peruana habla de una ciudad donde todos eran felices. Sus habitantes hacían lo que querían y se entendían bien, menos el alcalde, que vivía triste porque no había nada que gobernar.
   La prisión estaba vacía, el tribunal nunca se utilizaba, y la notaría no daba beneficio, porque la palabra valía más que el papel.
   Un día, el alcalde mandó venir trabajadores de lejos, que cerraron con vallas el centro de la plaza principal; se oyeron martillos golpeando y sierras cortando madera.
   Al cabo de una semana, el alcalde invitó a todos los ciudadanos a la inauguración.
    Solemnemente, las vallas fueron retiradas y apareció... una horca.
   La gente comenzó a preguntarse qué hacía allí aquella horca. Con miedo, empezaron a acudir a la justicia para cualquier cosa que antes se resolvía de común acuerdo.
  Recurrían al notario para registrar documentos que antes eran sustituidos por la palabra. Y volvieron a escuchar al alcalde, por miedo a la ley.
  La leyenda dice que la horca nunca fue usada.
  Pero bastó su presencia para cambiarlo todo".


   Os regalo esta historia con cara de martes.
Estoy en la biblioteca de otro de mis pueblos: San Martín de Valdeiglesias.
  He venido palpando las paredes de las casas, abrazando las esquinas calientes y con mis perros indicándome la senda. 
 Tres días de vértigos.
 De los malos.
 De los que se me solivianta el océano de los oídos y me deja tirada en la playa del salón, arropada y ahogada en miedos.
 Sedienta de calmas, con los ojos cerrados al carrusel loco, gimiendo versos defectuosos, implorando.
 El mar, embravecido y terco, me golpea las sienes durante momentos eternos.
 Luego vuelve la calma y salgo a vomitar las palabras que se me han quedado atoradas en el pecho.
 Durante el naufragio, en algún patio cercano se escuchaba esta canción y he recordado.

¿Os he contado mi encuentro con Albert Hammond, allá por los últimos coletazos de los años 70? ¿No?
Pues otro día.
Ahora voy a exponerme al sol de este martes derrotado y postrero.
Ahora, que tengo los oídos yertos.
Abril ya es mañana.

lunes, 30 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Filosofando.

89. De  Schopenhauer y Marx.


     Schopenhauer fue un misántropo incorregible durante toda su vida.        Con la edad, se convirtió en un viejo gruñón y cascarrabias que se entendía mejor con su perro Butz que con los miembros de su propia especie. Lo trataba con más deferencia que a muchas personas y no era raro encontrarlo hablándole al perro como si éste pudiera entenderle.
   Claro que, a veces, también se enfadaba con él. Entonces lo increpaba con uno de los insultos que Schopenhayer imaginaba más humillantes: "¡Humano!"

   Karl Marx pasó buena parte de su vida investigando en la Biblioteca del Museo Británico. El objeto fundamental de su estudio no era otro que desentrañar las características de la sociedad capitalista.
   Finalmente, sus investigaciones culminaron en la publicación de la que se considera su principal obra: El Capital.
   Pero con tanto investigar, Marx desatendió el cuidado de otros aspectos más cotidianos de su vida. Él y su familia vivieron siempre en unas condiciones bastante humildes, (su principal fuente de ingresos eran los artículos que escribía para  algunos periódicos y la ayuda que recibía de su amigo y colaborador F. Engels).
   De ahí que, algún tiempo después de su muerte, su hija Jenny Marx, comentara: -Ójala mi querido padre hubiera pasado algún tiempo adquiriendo capital en lugar de limitarse a escribir sobre él.

Haro y Beppo.

    Desde San Martín de Valdeiglesias, mirando a mis perros y con una cerveza en la mano, me llega un vientecillo  filosófico por el callejón de la derecha. Chismes de mentes privilegiadas.
   Y os los dejo aquí.
    ¡Camarero, por favor, otra ronda!
   A vuestra salud.
   Hasta mañana. Pura vida.

domingo, 29 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Breviaturas.

88. El dolor oscuro del golpe.



      Recuerda el arco que describía el ramo azul del papel pintado de la habitación, recuerda que, cuando humilló la cabeza, confundida, el trenecito de madera de sus hijos esperaba en el suelo, recuerda que tras los cristales galopaba el lubricán.
La pared se pintó años después, ahora es blanca, llena de cuadros, de fotos, de ángeles.
Recuerda los pecios de aquel naufragio, recuerda la turbación, la vergüenza, el dolor oscuro del golpe, recuerda que, después de aquello, su boca quedó insípida, sus pechos lejanos y que en la garganta se le cerró un candado para siempre.

       La pared se pintó después y ahora es blanca.


Imagen tomada de la red.

Un saludo amigos.
Disfrutad de este domingo precursor, que se nos va, que se nos va.

sábado, 28 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. 1959.

87. Se arrimó la noche, distraída e impasible.

(Año 1959)
(En recuerdo a una niña que perdió la vida bajo las ruedas de un autobús, 
en una tarde de mi infancia. Yo estaba allí, no la he olvidado nunca
 y busco, desde entonces, maneras y sueños para despertarla)


Aún te recuerdo niña,
un poco despeinada y con los ojos cerrados,
un brazo subrayando un futuro débil y cobarde,
que huyó por alguna esquina de aquel día lento.
El otro brazo se escondía debajo de tu cuerpo inservible,
avergonzado quizá de haber escapado de la seguridad
del último verano.
El autobús frenó a cierta distancia,
lleno de rostros desencajados y temblones.
Aún te recuerdo niña,
desconozco el color de tu mirada y no sabré nunca
cómo sonreías.
Aún te recuerdo,
siempre niña.
A veces, he vivido por ti,
he amado en tu memoria,
he acogido en mi cuerpo al hombre,
para que tú sintieras la tibieza.
Mis hijos, algunas tardes,
también han sido un poco tuyos,
para que paladearas el sabor
de la dicha.
He devorado primaveras,
he pisoteado otoños, he reído un poco más,
he llorado un poco menos,
he deseado mucho,
en un intento de ofrecerte una porción de biografía,
de vivir por ti…

Aún la recuerdo, niña sin nombre,
desvalida y rota,
un poco despeinada, exenta.

Se arrimó la noche, distraída e impasible,
y allí quedó su zapato
 cavilando el asombro.


Que tengáis, amigos, un sábado de nota.
                           Asombraos, asombraos siempre.

viernes, 27 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Presentación de una novela.

86.  El secreto de Sócrates, de Ricardo Rodríguez.


    Ayer, jueves 26 de Marzo, en la librería Punto y Coma de Leganés, tuve el honor y el placer de presentar la última novela del escritor Ricardo Rodríguez.



   Os dejo el texto que leí, antes de que el autor nos desgranara su obra y su trayectoria.



“Ahora, mientras disertas doctamente,
inteligentemente, ilustradamente, apasionadamente;
mientras hurgas en la memoria
hasta encontrar
la palabra exacta, irrefutable, incontestable,
que designe y colme y diga,
lo que debe decir, ni más ni menos,
y la subrayas en el aire quieto del aula
izando gallarda el lápiz como un estandarte.
Ahora, cuando me miras,
apremiante y severa,
como si pretendieses perforarme
la mente, el corazón, las entrañas,
con el razonamiento último,
con el silogismo abrumador,
con la conclusión definitiva,
las manos engarabitadas, la voz torrencial.
Ahora que por fin
desenmascaras el ardid de Hegel
y vuelves del revés a Demócrito
y haces cisco el misticismo áulico de Chateaubriand
o al hosco Pascal.
Ahora, ahora,
en este justo instante, en este breve segundo,
inabarcable décima o milésima de segundo,
en que te sobrecoges
y nos sobrecoge tu voz llameante,
nos sujeta la saliva un nudo de emoción.
Ahora, cuando elevas el índice enhiesto
para dar paso a tu argumento final,
ahora, precisamente ahora,
que emprendes la refutación más temeraria
-¡tiemblen los cimientos del orbe!-
y todos contenemos la respiración
y quedamos prendidos de tus labios febriles.
Ahora, desde detrás de la ventana empañada,
a ti y a mí y a los demás que te escuchan,
nos contempla aterido,
con desprecio o con indulgencia,
sonriente, luminoso y humillado,
el cabello rubio y ensortijado, el jersey raído,
y la cara sucia,
un niño hambriento.
Ahora que empuñabas, heroicamente,
toda la metafísica del mundo
nos  interrumpe el hambre mundana.
¡Pues, qué fastidio!”

    Presentamos, esta tarde, en nuestra librería preferida, la última novela de Ricardo Rodríguez, nacido en Toledo, licenciado en Derecho, vecino y trabajador de Leganés, poeta, escritor, articulista, hombre comprometido política y humanamente, buen conversador, conocedor de las diferentes corrientes filosóficas, tertuliano serio e indispensable.
   Ricardo es agente  de Hacienda, en la inspección fiscal de grandes empresas, y he dicho antes que trabaja aquí, pero no es verdad, porque como dijo Confucio: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida” y Ricardo ama profundamente su trabajo.
   Su anterior novela, “La moral del verdugo” ya causó un rumor de sólida presencia, en ella se cuestiona y se reflexiona sobre la libertad, la pena de muerte, la ética y la moral, el valor. Dedicó la novela a Pilar Manjón y a su hijo Daniel, víctima del 11-M; como amiga particular y como homenaje a todas las víctimas de aquel doloroso atentado. Y a todas las miles de personas que tienen el valor de ser libres.
   
    También ha publicado diversos relatos en publicaciones colectivas.

  En la novela que nos ocupa, "El secreto de Sócrates", Ricardo nos sumerge en un mundo real y ficticio, filosófico y simple, nos ofrece un personaje genial y literario que nos maravilla con la profundidad de sus opiniones; espíritu doliente y perdido en las tinieblas de negras pesadillas, en la sinrazón, en la búsqueda. Como hilo conductor del filósofo que quiere desesperadamente encontrar el sentido de su existencia, acompañado de unos personajes que nadan de igual manera en la duda, la soledad y el desconcierto, Ricardo utiliza la ironía socrática, analiza perfectamente un momento de actualidad, lugares comunes, humor negro, los espejos.
   “Se puede ser libre y para eso basta con ejercer la libertad, lo demás son excusas”.
   “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede identificarse por este signo: todos los necios se conjuran contra él”, frase de Jonathan Swift, que tomó el atormentado autor de “La conjura de los necios” para el titulo de su única obra. El Sócrates de Ricardo tiene algo que ver, aunque sea tangencialmente, con el Ignatius Reilly o con el Bartleby de Merville y su “preferiría no hacerlo”. Filósofos al fin.

   Sócrates, nuestro filósofo, pulula entre Diógenes, su amigo y rodrigón de sus cuitas; Elvira, su amor eterno y pajizo, filósofa en la sombra; Alejandra; D. Eulogio, su áspero y despegado padre; D. Fulgencio, el corrupto alcalde; Roque, y su descubrimiento final; su madre, personajes todos que quieren comprender, que se debaten entre la soledad, la pereza, su inanidad, sus pecados, sus deseos y su falta de ellos y es que “existir es un hecho tan extraordinario que nadie se salva de la perplejidad”.
   En la novela de Ricardo, además, se hace un recorrido bastante completo por la historia de la filosofía y por los libros y autores indispensables por los que debemos pasar y detenernos.
    “Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido a mi nombre el recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como jamás la había habido en la Tierra, de la más profunda colisión de conciencias. Yo no soy un hombre, soy dinamita”, dijo el autor de Ecce Homo, y  dinamita es esta novela, impecablemente escrita, con una urdimbre perfectamente tejida, en la que todos los personajes son pesos pesados e indispensables y con el desasosiego, la crítica, la esperanza y la ironía impregnando cada   página.
   “Sócrates soy yo”, podría decir Ricardo, al igual que Flaubert dijo de Madame Bovary, lo creo así después de leer la novela y saber de él.

“Hoy, de noche,
o madrugada de mañana, o
quiero decir,
noche de ayer, o ahora,
digamos.
Hoy, para entendernos,
hago inventario
de los años de mi vida, sin mayores pretensiones,
sin arrogancia;
no persigo justificaciones ni parabienes;
sólo hago inventario,
por la mera costumbre de dejar constancia  de la memoria,
por congénito espíritu de orden,
por el gusto de contar, catalogar, archivar,
los amores, los desengaños, los miedos.
¡Qué puedo hacer?
¡Qué hacer con un inventario incompleto?
Nada, señoras y señores, o
si acaso
les cambio
un día de mi vida que me sobra
por la vida de un día que me falta”.

   He querido comenzar y terminar con unos poemas de Cucharadas de mar, el poemario de Ricardo  que, en el año 2003, ganó el premio de poesía Villa de Leganés y que me ha parecido interesante incluir en esta presentación, para no dejar de lado la faceta de poeta del autor, para preguntarle ahora si tiene previsto publicar más versos, para darle la enhorabuena por toda su trayectoria, por ser como es, por hacernos reaccionar con sus novelas algo incómodas, agitadoras e irónicas y por llevar a cabo en su persona la frase de Sócrates: “La buena conciencia es la mejor almohada para dormir”.
   
  Ricardo, un par de preguntas socráticas:

  ¿Qué es en lo que quieres hacer hincapié con la trama de la novela?
   ¿Cómo llegas a esa conclusión?
   ¿Cuál es, en realidad, el verdadero secreto de Sócrates?
  
 Te escuchamos. 
   Y gracias".



   La librería se llenó de amigos y admiradores del escritor, de buena literatura, de una magnífica exposición, por parte de Ricardo, del proceso de su escritura, del andamiaje que levanta para pergeñar sus obras; acabó la tarde con libros dedicados, con copas de vino blanco y charlas distendidas. 
   Concluyó el encuentro y todos nos fuimos satisfechos. 
   Hasta la próxima en nuestra librería preferida: Punto y Coma.
   Fernando y Lola, enhorabuena por vuestro esfuerzo y dedicación.

     La noche, fuera, en la calle, se ovillaba al pie de árboles remozados y la luna, vestida de primavera, descansaba, altiva y silente, en todos los tejados de la ciudad despierta.




jueves, 26 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Amigos.

85. De cartas y mistelas.


"Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta". 
Elias Canetti.

    Esta frase la puse, entre un par de ellas más, en lo alto de la pizarra, en el taller de escritura que disfrutamos todos los lunes hermosos del año.
   Y las mujeres-escritoras comenzamos a hablar de ello, naturalmente.
  Todas dejaron constancia del montoncillo de cartas que guardan en una caja de cartón floreada, abrazadas amorosamente con un lazo de un color que cambia con la nostalgia.
   Yo me mantuve callada. Nunca he recibido una carta.
   Soy muy solitaria.
   Y comenzamos el taller. Leímos los relatos que traíamos; pergeñamos in situ algunos más; recitamos poesía; tomamos un delicioso café y reímos mucho. En el taller, reímos mucho. Es parte del juego literario que nos traemos entre manos.
   
A los pocos días, recibí una carta.

   Remitente, mi amiga y escritora Tony Gaytán, una de las componentes del taller literario. Había recogido el guante y se puso manos a la obra.
   Mi caja de cartón, que tenia preparada para la ocasión, ya tiene razón de ser.
   Estoy muy agradecida.
   He dejado de ser solitaria.
   En la emotiva carta, además de disfrutar de su bella caligrafía y cariño, me ofrece amistad eterna, ¡faltaría más! y me ofrece un hombro para esos instantes rebeldes: "Sabemos que los momentos menos dulces también nos acechan, imaginemos que las situaciones son como dos copas de vino, uno peleón y otro afrutado y suave, pero que los dos debemos digerirlos", escribe.
   Gracias Toñy, mi cajita acoge tu carta, la primera, el génesis, y seguro que se llenará de otras en breve.

    Y otra muestra de cariño me llegó, de otra persona, en el mismo día, de alguien que me acompaña en el camino. Mi amigo Andrés. Ya lo conocéis, porque el 1 de Febrero, (entrada nº 32 de este blog), esbocé una pequeña etopeya de él y de su mujer, Cathy.
   Los dos me miman siempre, a cada momento. Disfrutan haciendo disfrutar. Derrochan detalles y sonrisas.
   Ahora están de viaje. Un viaje especial, primigenio de otros que esperan.
    Y yo, desde aquí, brindo con una copita de esa dulce mistela tomellosera que me han traído de una de sus escapadas.

Por vosotros, Andrés y Cathy.
Por tí, Toñy.
Por ser míos.
Porque continuemos caminando.
Por todo.


"Enviar una carta es una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón".

miércoles, 25 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Decidme cómo es un árbol.

84. Marcos Ana.

¡A la calle!, que ya es hora
 de pasearnos a cuerpo. 
Gabriel Celaya.



Si salgo un día a la vida
mi casa no tendrá llaves:
siempre abierta, como el mar,
el sol y el aire.
Que entren la noche y el día,
y la lluvia azul, la tarde,
el rojo pan de la aurora;
la luna, mi dulce amante.
Que la amistad no detenga
sus pasos en mis umbrales,
ni la golondrinas el vuelo,
ni el amor sus labios. Nadie.
Mi casa y mi corazón
nunca cerrados: que pasen
los pájaros, los amigos,
el sol y el aire.


Marcos Ana, Salamanca 1920.
Detenido en 1939 y condenado a muerte.
Permaneció encarcelado durante 23 años ininterrumpidos.
En ese encierro escribió los poemas que luego volaron en libertad hasta desencadenar una campaña de solidaridad en su favor.
Fue uno de los primeros presos políticos españoles defendidos por Amnistía Internacional.
Liberado en 1961, recorrió Europa y parte de América propagando la justicia y la solidaridad con los presos políticos.
Fundó y dirigió en París el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE), que presidió Picasso.

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto del río
cuando se cubre de pájaros.
Habladme del mar, habladme
del olor ancho del campo,
de las estrellas, del aire.


"Fue el 17 de Noviembre de 1961. No recuerdo la sensación de calor o frío, de oscuridad o luz que tuve al salir de la prisión. Iba en una nube, inadaptado y feliz.
Franco había dado un decretazo que fue más bien un brindis al sol. Anunció la libertad automática para todos los presos políticos que llevaran más de 20 años encarcelados de manera ininterrumpida.
En ese momento, de los 465 presos que había sólo en el penal de Burgos, yo era el único que cumplía ese requisito.
Me fui con lo puesto. Sólo me llevé conmigo el "Canto general" de Pablo Neruda, camuflado tras las tapas y las primeras páginas de un libro de versificación religiosa", nos dice en sus memorias.

Camaradas, a las doce,
todos los pulsos en hora;
que suenen como campanas 
en una campana sola;
que fundan los corazones
en un Corazón y todas
las ramas del pulso sean
árbol de luz en las sombras.
Amigos, todos en pie:
sobre las montañas rojas
de nuestra sangre sin yugos,
la voz erguida en la boca.

¡Camaradas, a las doce,
todos los pulsos en hora!

Esta mañana, es que me he levantado con los versos de este último poema danzando sin parar por las esquinas de mi cabecilla insomne y anhelante y, os he colocado este pequeño apunte de Marcos Ana, para comenzar la lucha de este miércoles nuevecito y expectante. 
A ver qué hacemos con él, a ver que pergeñamos con este día para que nos quede un poema resultón y eterno.
Sed felices.
Intentadlo, al menos.

Y mañana... qué cocinamos en esta bendita casa mañana?

martes, 24 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Te escribo.

83. Si no puedo dormir.

“Cuando empecé a escribirte ya no eras”.



Si no puedo dormir
en medio de esas noches perezosas,
lentas, interminables,
si no consigo dormir,
ahogada en las aguas muertas
de los recuerdos,
escribo.
Te escribo.
Cuando el lubricán
me alerta de mi locura, dejo la pluma
y tiro las hojas;
te asesino, te estrujo con fuerza
con las dos manos y lanzo
la bola de papel,
impregnada de rabia y de vergüenza.
Hoy por ejemplo, recordaba
tu boca,
tu lengua,
de cómo me abría a ellas,
y he escrito
del rugido salvaje que salía de mis pechos,
de la vehemencia de la embestida;
evocaba la fragancia de tus axilas
en las que me hundía sin decoro,
del lenguaje obsceno,
de las acrobacias, de los jugos.
Recordaba tus manos,
ay, tus manos,
tú las extendías sabedor
de mi veneración,
de mi idolatría.
Yo decía- que se pare el mundo,
que se pare-,
y reía, y deseaba un cataclismo,
y anhelaba morir,
yo moría.
¡Que se pare el mundo!
Y rugía. 
Tú desplegabas de nuevo tus manos,
yo lamía tus axilas,
tu sexo, tu pecho, tus ingles…

Si no puedo dormir  porque no puedo olvidar,
te escribo.






lunes, 23 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Desayuno de poetas.

82. Desayuno, paseo y regreso.



Sólo supe del silencio
cuando me faltó
tu voz.



      ¿Quedamos en Tano?
¿A las diez y media?
      ¿Te apetece?
Encantada.
     Mi amiga y poeta Adriana Serlik vive en Gandía y, siempre que voy allí, hambrienta de sal y mar, la llamo y nos reunimos en Tano, una cafetería-pastelería en pleno bulevar hermoso del paseo de Germanías.




    Tomamos algo y charlamos de todo. De poesía, de libros, de escritura, de palabras, de sentires, de pesares...
    Acaba de presentar en varios lugares de España su último poemario, "Frágil" y ya está inmersa en otro, en talleres de lectura, en la pintura de telas al viento, en charlas en la radio local, en vida.

Quizá
no llegue a ver
la balanza
otra vez
equilibrada.
Pero cuando
por las mañanas
abro lo ojos
espero que ése
sea el día.

   Cuando nos despedimos y, de regreso a casa, los árboles, llenos ya de zumos y promesas, disculpaban la lluvia de tantos días.


  Ya ha terminado la escapada al mar. Y, desde aqui, agradezco a mi amiga del alma Asiole, que nos dejara, amable como siempre, su casa. "El Capricho" nos recibió tan cálido como es, como ha sido siempre. Nos vemos en verano amigos.



A la vuelta.
Desde el coche.
Ancha es Castilla.



...la que no ha tenido
más remedio
 que ser fuerte,
ahora
vive
la fragilidad
de estos instantes
y se esconde
en unas cuantas
palabras
enlazadas.


*Poemas del poemario Frágil de Adriana Serlik.

domingo, 22 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Bebiéndome el mar. Y tres.

81. Mimando el paladar en el Telero.



     Os lo comenté ayer.
     Teníamos mesa reservada en el Telero. El regalo de un hijo. Mesa para dos.
- "Para mis padres. Que no falte de ná".
  
 En pleno centro histórico, en el corazón del raval de Gandía, se encuentra el restaurante Telero, dirigido por José Raúl Fenollar, gerente y sumilier, enamorado de la gastronomía, del baloncesto y de la informática. Excelente restaurador, con su mujer al frente de la cocina, y su hijo, como jefe de sala.
    El local, acogedor, sugestivo. Te arropa como un confortable útero. Se respira arte y buen gusto.
   El trato, amable y familiar, pero dejando respirar, aconsejando pero dando protagonismo, enamorando con la descripción de los diferentes platos. Disfrutan ofreciendo explicaciones de los materiales con los que juegan, conjugando el elixir de los vinos. Entienden y lo comparten. 
  Nos dejamos guiar por Raúl, además, su altura y su sonrisa, lo propiciaba.
   Nos presentó unos entrantes para compartir:
 "Buñuelos de brandada de bacalao". Suaves y cariñosos en la boca, explotaban de gozo dentro del paladar, se hacían querer.



    Unas "coques de dacsa con gambeta de bleda y tomate, atún, huevo duro y anchoas" vinieron después.


   Resultaron originales, discretas en el plato, pero soberbias en la boca.

   "Vieiras a la plancha sobre lecho de verduritas al jenjibre y gratinado de alioli a la miel" desfilaron por el mantel. Acogedoras y contundentes. Con sorpresa al fondo. Nos dejaron con ganas de continuar escudriñando entre los pliegues de la concha.


    La procesión continuó con unas "piruletas de gambón con mayonesa de soja y wasabi". Divertidas y refrescantes, le dije al gerente, y coincidimos en los adjetivos. 

  Nos decantamos luego, por recomendación de Raúl, por un "arroz meloso negro, mar y montaña, de sepia y secreto". Oscuro y deslumbrante. Perfecto.





  Tomé un vino de Hacienda López de Haro, crianza 2010, con un color exacto, pinceladas de fruto rojo, toque picante, algo de cuero y, al paladar, pulido y tranquilo.



     De postre y, por recomendación expresa de mi hijo, que ya lo había degustado y era el del regalo, pedimos el helado de galleta María y una tarta templada de chocolate y avellanas. Nos lo repartimos entre mi marido y yo y lo acompañamos con unas copitas de moscatel. Maridaje perfecto resultó el binomio.


     Se nos quedó, en el ansia de continuar dando satisfacción al paladar, probar la ensalada de magret de pato ahumado y el pulpo con parmentier de patata y crujiente de yuca. Pero ya no podíamos más.        Hay mas días.
     En la próxima.



     Raúl accedió a inmortalizar el encuentro y le pidió a su hijo que nos hiciera una foto, sonrientes, ahítos y con el cartel del restaurante debidamente encuadrado.
    Gracias Raúl, por el servicio, por la conversación, por los consejos y por ese ratito que te sentaste a nuestra mesa para hacernos cercanos.
   Nos vemos.

  Luego paseamos, mi marido y yo, por la avenida ancha y loseteada de Gandía, bajo plátanos enlazados, para respirar la lluvia caída y el olor a azahar que ya se desperezaba entre las esquinas de la primavera.
  Ah, y brindé por todos vosotros.
  Que lo sepáis.

sábado, 21 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Bebiéndome el mar. Dos

80. De compras, de mar, de lecturas. Enterrando pecios de naufragios.



      Con el abrigo arremangao y mi perro totalmente desorientado, paseo, temprano, por la costa.
         El oleaje se altera un poco al lamer unos pies estremecidos de frío y nostalgias de veranos locos.
       No siento las piernas, como dijo aquel, pero me obligo a pasear, arriba y abajo, durante casi una hora.


    Mi perro sale disparado cuando advierte que el mar amenaza, pero no quiere dejarme sola ante el peligro.
    Y luego dicen que le quiero en exceso. Exceso? Cuándo es exceso?
    Al regreso a casa nos detenemos para comprar una frase.

     Y, mientras nos secamos bajo la manta, leemos un poco, antes de ir a comer.
   Tenemos reservada mesa en un restaurante. Regalo de mi hijo. Mañana os cuento.


     Desde la costa, os enviamos un ramo de olas, un olor de otros tiempos, un beso de sal. 
        Feliz día de la poesía y de primaveras nuevas.

viernes, 20 de marzo de 2015

De ansias y sosiegos. Bebiéndome el mar. Uno.

79. Paréntesis y fallas.



   Escapada. Salir corriendo. Ansias.
Me gustan mucho los días grises. La lluvia. Las calles desiertas.
  Pero no cuando se meten las gotas y los charcos en el alma.
De repente, tuve ansias de mar. De ese olor que nos mece.
  Y tuve que huir.
A primeras horas de la mañana, aún noche, ya estaba respirando sal y olas.
  Frente al Mediterráneo.
Sosegándome.
  Ahogando, en el suave y oscuro oleaje, las ansias, que se quieren   instalar ya, como un huésped moroso y descuidado, entre mis pulmones y las costillas flotantes

   Ya con los dedos cálidos y los suspiros adormecidos, dimos una vuelta por la ciudad en fiestas.


                                                



   Fallas. Ruido. Y lluvia.
Pero de la buena, la que juega con tus botas de colores y te empapa el flequillo, la que te deja un caminito de rimmel travieso en la sienes palpitantes.
   Lluvia de la buena, la que se comparte sin paraguas, la que se ríe del fracaso, la que moja las mesas de los veladores y obliga a abrazarse frente a los ventanales.
   Mi perro, con su chubasquero azul empapado de agua y miedo por los petardos fiesteros, se dejó aupar, afónico de ladridos contestatarios y asombrados. No le gustan las mascletás ni los fuegos negros.
    Yo le susurraba al oído lo hermoso que es, lo que le quiero.
  Y acabó la noche entre humos nómadas, monigotes y callejones derrotados.
   Acabó la noche y ya es mañana.

   Amigos, desde el mar, os deseo vida.